Sección de costaleros 

  

Esta sección tuvo su origen en un sueño, el sueño de que nuestras imágenes abandonasen las ruedas, de que nuestros pasos tuviesen un movimiento que sólo les pueden dar los corazones de los hermanos que los portan y que, con su sentimiento, hacen que esos pasos andando por las calles de Zaragoza, no dejen indiferente a nadie que los contemple.

El sueño comenzó con el Cristo del Amor Fraterno. En el año 1.991 salió por primera vez portado a varal por treinta y dos hermanos de la Cofradía, dos relevos completos de dieciséis. Nos dirigía Julio Cuellar. Muchos de aquellos hermanos tuvieron que dejar apresuradamente, un miércoles santo, sus bombos y tambores para acudir a llevar a Nuestro Señor, ellos fueron el germen de la actual cuadrilla. Varios de ellos todavía están en activo.

Fueron años duros, aprendiendo sobre la marcha, queriendo dar a nuestro Cristo el mayor esplendor posible, queriendo que enriqueciese nuestra estación de penitencia del jueves Santo.

El sueño continuó cuando se decidió que al Amor Fraterno fuese llevado en un paso a costal. Proyectos, ilusiones, viajes a Sevilla, inversiones,... El paso soñado estuvo en Zaragoza listo para procesionar en la Semana Santa de 1.996. Un paso de Cristo capaz para treinta costaleros en seis trabajaderas de cinco hombres cada una.

Entonces comenzó el verdadero trabajo, aprender de cero, desde la nada, a hacerse un costal (¿qué era un costal?), a colocárselo, a situarse debajo del paso, a levantar, a arriar, a caminar sin pisarnos, a hacerlo con cierta solemnidad, con cierta categoría... incluso tuvimos que aprender nuevas palabras y una jerga muy particular (patero, costero, fijador, no achuchar, llamarse, aguantarse,...).

El hermano que se puso delante de ese proyecto y delante de esa cuadrilla fue Javier Barco, él nos intentó transmitir toda la experiencia que había acumulado como costalero en Sevilla, incluso facilitó el viaje a Zaragoza de Rafael Rodríguez, capataz sevillano, que nos ayudó a "arrancar" en esta aventura, tan ajena en principio a nuestra experiencia.

El Cristo del Amor Fraterno fue el primer paso portado a costal en la Semana Santa de Zaragoza. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que no sólo nos ha cambiado como Cofradía, sino que ha cambiado la semana Santa de nuestra ciudad.

Fueron casi dieciséis años de acumular experiencia con él, de aprender, a la vez que íbamos completando año tras año sus respiraderos, canastilla, cartelas, etc. Con un núcleo invariable e inasequible al desaliento de hermanos que, año tras año, prestaba sus pies al Señor para que se pasease por nuestra ciudad proclamando la Eucaristía. Con el paso de los años algunos hermanos lo dejaron, otros llegaron, pero Javier siempre continuó delante del paso. Y, poco a poco, fuimos creciendo en número; fuimos creando una pequeña familia que, año tras año, tras la Navidad y hasta la llegada de la primavera se reunía para compartir risas, amistad, ilusiones, sacrificio, pasar frío, almorzar, en suma para hacer hermandad.

Pero nuestro sueño seguía esperándonos en el horizonte: abandonar definitivamente las ruedas. Nuestro paso titular, la Santa Cena, seguía llevándolas, teníamos que dar el salto...y lo dimos en 2.011. Así, unas semanas después de terminar la Semana Santa, el paso viajó a Sevilla para adaptararlo para ser llevado por costaleros. El estreno sería el Jueves Santo de 2012.

Se produjo en esos meses la mayor expansión de la cuadrilla que, además de hermanos de la Eucaristía, se nutrió de hermanos de otras cofradías, unidos todos en la ilusión de ver andar la Santa Cena por Zaragoza.

El trabajo fue impresionante, los numerosos ensayos, los imprevistos solucionados sobre la marcha, para lo que, de nuevo, vino desde Sevilla Rafa para ayudarnos con su experiencia y conocimiento... el 23 de Marzo de 2.012 hicimos la mudá del paso de la Santa Cena, su traslado del polígono de Cogullada a la Parroquia del Perpetuo Socorro. Zaragoza pudo contemplar por, primera vez, ese gran paso de misterio portado por cuarenta y cinco costaleros repartidos en nueve trabajaderas de cinco hombres cada una. Frente al paso, su capataz, Javier Barco. El sueño era posible.

Para ese mismo año, la Junta de Gobierno acordó que el paso del Amor Fraterno procesionaría como paso de silencio, estando a su frente un nuevo capataz, un costalero de primera hora surgido de la propia cuadrilla: Fernando Sánchez.

Dos pasos y setenta y cinco costaleros, setenta y cinco hombres y un solo corazón para dos pasos.

Pero no pudo ser, el hombre propone y Dios dispone. El Jueves Santo, la lluvia impidió nuestra salida. Sin embargo; el Viernes Santo, pudimos mostrar a Zaragoza nuestro nuevo paso de la Santa Cena andando en la procesión del Santo Entierro y el entusiasmo y la admiración que despertó durante todo el recorrido fueron unánimes: a Zaragoza le gustan los pasos a costal.

Hemos abandonado definitivamente las ruedas, pero seguimos soñando...un paso de palio para Nuestra Madre la Virgen... con el tiempo todo llegará, ahora sabemos que todo es posible.

Anímate a soñar con nosotros, préstale tus pies al Señor en la noche de Jueves Santo, conviértete en su Cirineo, descubre la humildad, el sacrificio, la generosidad, el compañerismo y el orgullo y la grandeza de ser costalero.

Te esperamos.

Fernando Sánchez.