30 Minutos con Navarro Arteaga.

Una entrevista de Sergio Navarro

Costalero del Cristo del Amor Fraterno y redactor de www.semanasantazaragoza.com

Fotografías: César Catalán

Ahora que el verano asoma con timidez por la ventana es hora de rescatar aquel mediodía, de un siete de abril cualquiera, que compartimos con el maestro Navarro Arteaga; de sus manos salió ese Señor de la Cena que enamoró a Zaragoza.

Me pregunto, en esta mañana primaveral, qué recuerdos de aquella tarde del 6 de abril tocarán el hombro del escultor; si hoy, a la manera del escritor Cees Nooteboom, se habrá refugiado en el silencio de su isla, que no es Menorca sino un taller sevillano, oculta su magia tras una puerta cualquiera. Porque José Antonio Navarro Arteaga –Sevilla, 1966- nos confesó en aquel café blanco blanquísimo de la calle Canfranc que “necesito de la soledad para trabajar: la distracción no es buena. Aunque traté de incorporar a pupilos en mi día a día, tras veintisiete años como profesional he abrazado mi intimidad”.

Era el de Navarro Arteaga, aquella mañana de lunes, el rostro de un hombre cansado pero despierto, ojos ávidos de sensaciones, de reacciones a una obra, la del Señor de la Cena, que apenas unas horas antes había sido bendecida en el altar de nuestra parroquia del Perpetuo Socorro. “Yo estaba loco por desvelar el misterio y que la imagen, al fin, fuera mostrada; me encantó verlo avanzar, a hombros de los cofrades, por la nave central y llamó poderosamente mi atención que conjugara muy bien con ese altar dorado, de raíz bizantina, que preside el templo”. De la catarata de emociones, de ese tsunami que supone para una cofradía la llegada de una nueva imagen titular, quería saber qué es lo más bonito que le habían dicho. Navarro no lo duda. “Gracias. La palabra “gracias”. Todo el mundo, de una u otra manera, coincidía al pronunciar esa palabra”.

Hoy, casi dos meses después de contemplar, ensimismados, cómo avanzaba hacia el Altar Mayor, el Señor de la Cena habita entre nosotros. Un Señor que vestía una túnica que llevara el Señor del Soberano Poder, de la sevillana Hermandad de San Gonzalo. “Pepe Garduño, vestidor de la Macarena, me dijo en una ocasión que el 50% del éxito y la belleza de una talla de vestir reside en los ropajes; una buena vestimenta eleva y mejora la imagen”.

La de la renovación de imágenes procesionales es una cuestión que, entre dudas, comienza a abordarse en Zaragoza desde la sensatez, la coherencia y el respeto. Navarro Arteaga nos regala una pista: “en Sevilla no son inmovilistas; esa postura les hubiera impedido crecer. Gracias a su apuesta por la renovación de lo que creen que es mejorable se ha logrado una mejora e incremento gradual de su patrimonio”.

Abordar el encargo de una nueva imagen no es tarea baladí. Requiere, según el maestro, “imbuirte de la filosofía de la hermandad que realiza el encargo, conocer su idiosincrasia, atender sus deseos y al mismo tiempo perseguir una durabilidad, la eternidad de la obra. Una vez comienza el tallado no hay marcha atrás, y en la honradez del artista está su ansia de perfección, la certeza de que la imagen entregada acaricia la belleza”.

La de Navarro Arteaga es una puerta a cuyo picaporte acuden gentes de toda España, de todo el mundo, a reclamar su atención, a plantear sus propuestas. “No, no me niego a asumir todos los encargos que recibo. Debería, eso sí, aprender a decir no”, admite entre risas. “Sí me encantaría, desde luego, cambiar mi metodología y no trabajar por encargo sino ser yo mismo quien lance y ofrezca mis propuestas al mercado. Por ejemplo, me encantaría, me gustaría mucho abordar ahora una imagen de la Piedad, para la que manejo bocetos desde hace cuatro años; es un conjunto más plástico, espectacular, escultórico, que te permite cierta multiplicidad. Pero, por el momento, el presupuesto es el que define de manera definitiva una obra y el tiempo que puedes dedicarle”. En cualquier caso, de los trabajos que ahora mismo le mantienen activo destaca una imagen, de cuarenta metros de altura, que presidirá la bahía de Panamá. Una obra en la que cultivará una de sus palabras fetiche, “unción”. “Es clave en mi obra. La unción debe intuirse en toda obra religiosa, se debe tallar con el alma y hacia el alma”.


Semblanza

Nacido en el sevillano barrio de la Voluntad en 1966, la de José Antonio Navarro Arteaga es una carrera en progresión constante desde que, siendo un adolescente, integrara el taller de González Ventura. Hoy, con taller propio en la sevillanísima calle Betis, se ha convertido en uno de los referentes de la imaginería procesional española; sus obras, sobre madera –aunque no rehúye otros materiales- las disfrutan hoy ciudades como Jaén, Úbeda, Zaragoza, Almería o su amada Sevilla.