El Señor de la Cena 

  

Estamos de enhorabuena en nuestra Hermandad de la Institución de la Eucaristía y en nuestra Parroquia del Perpetuo Socorro. Tenemos una nueva imagen para venerar al Señor, para acercarnos a él y para dejar que nos hable. Y una imagen preciosa que refleja bien la tensión y la dureza del momento en que Cristo, en el momento supremo de la última Cena, ofreciéndoles el cáliz les daba a beber su Sangre entregada por nosotros y por nuestra salvación.

El valor de la obra no es solamente estético, aunque esto ya sea destacable, es sobre todo técnica y artísticamente donde se nota la mano de un gran maestro de la talla como es Navarro Arteaga. El realismo y la emoción de nuestro Señor parecen cobrar vida en el Señor de la Cena.

Aun así, dice el refranero español que “Nunca llueve a gusto de todos”. Y así es. Hace unos días cuando pasaba por la iglesia camino al confesonario alguien me preguntaba por la obra y –señalándola- me decía: “¿Para qué otro Cristo? ¿No lo tenemos ya varias veces en la iglesia?” Y apuntaba con el dedo al Cristo del Perdón y al sagrario, sobre el cual, luce imponente la imagen del Redentor resucitado. E insistía, diciendo: “¿No son lo mismo?”

Mi respuesta espontánea y algo impulsiva no tardó en llegar: “No, mire usted, no son ‘lo mismo’, aunque sean ‘el mismo’. Reflejan distintos momentos de la vida de Cristo. Ésta talla –decía yo señalando al Señor de la Cena- representa la institución de la Eucaristía el Jueves Santo, es Cristo ofreciéndose y dándonos a comer su Carne y a beber su Sangre. Aquél –continué, señalando al Cristo del Perdón- representa a Cristo en su Pasión y muerte, es una imagen típica del Viernes Santo y nos habla bien de la entrega amorosa de Dios. Y aquél otro –señalaba al redentor- representa a Cristo glorioso y resucitado, vencedor de la muerte y de nuestras miserias; es la imagen del Domingo de Resurrección, del más importante de los Domingos del año. Así que, si me apura, ahora con el Señor de la Cena hemos completado el ciclo precioso de nuestra fe, los tres días más sagrados en los que celebramos el Triduo Pascual (Jueves y Viernes Santo y Domingo de Resurrección) y donde se encierra el Misterio central de la fe cristiana. Ahora nuestra Parroquia está más completa, es más bella y muestra mejor la importancia y la centralidad de Jesucristo en nuestra fe”. Obtuve la callada por respuesta, no sé si convencí mucho a mi interlocutor; pero al menos creo que pudo ver que había razones de fe y de peso, para esta nueva imagen del Señor. Aprovechémosla y disfrutemos de ella para acercarnos más a Cristo y no olvidemos que también son necesarias las otras imágenes de Jesucristo y más aún la propia Eucaristía que nos da no ya una imagen de Cristo sino al mismo Cristo como alimento, Vida y comunión. ¡Enhorabuena a todos por esta nueva imagen del Señor!

Víctor Chacón Huertas.

Misionero redentorista.