Con los hermanos, al compás.

Muchos de vosotros me conoceréis a mí y a la Cofradía desde hace años. Otros probablemente no, a ninguna de las dos. Por eso, permitidme que os haga un resumen.

Mucho antes de que yo llegara, y como en toda buena familia, ya había habido algún que otro encontronazo entre miembros. ¿Adivinad qué? Exacto, se solucionó.

Yo no sé en la vuestra, pero en mi familia si no discutimos al menos una vez a la semana, como que nos falta algo. Pues aquí igual.

Nos empeñamos en hacer facciones, grupos, o con el nombre que nos parezca, pero no. Aquí, lo único que hay, son distintas tareas. Porque en una familia, no puede ser que sólo uno de los miembros se encargue de: limpiar la cocina, el salón, los baños, hacer la comida, y que los demás miren.

No.

Hay que repartir. Y hacerlo de forma que si uno acaba antes que el otro, pueda ir a ayudar a los demás si le necesitan. Yo recuerdo que de más pequeña, esto SÍ era una hermandad, una familia. Amistad entre todos, salidas a Galve en busca de “coprolitos”*, al Parque de Atracciones, o simplemente, a tomar la merienda en el patio de la Parroquia. Eso SÍ que era mi cofradía.

Supongo que al ser yo pequeña, no me di cuenta, y ya existía algún que otro conflicto, pero a lo mejor no eran tan aparentes como lo han llegado a ser últimamente. Porque sabíamos lo que es ser cofrade y lo que es ser amigo.

Hoy, ese espíritu, no lo veo. Ni en los que estábamos en mis tiempos -salvando las distancias de que tengo 21 años y decir “mis tiempos” puede sonar demasiado grande-, ni en las nuevas generaciones, ni en los que han ido incorporándose con los años, ni en los que llevan más tiempo en la cofradía del que les gustaría reconocer –porque los años pasan para todos-.

De un año a esta parte, han pasado cosas que no creo que hayan gustado a nadie -y si hay alguien al que sí, es que tiene un severo problema-. Me caracterizo por ser una persona que nunca está en los “fregaos”, pero es llegar Semana Santa y la información te da en la cara como cuando sales de casa en verano y no te esperas tanto calor. Roma no se construyó en un día, y tampoco creo que nuestra familia se haya roto de ayer para mañana, ni que la vayamos a arreglar de igual manera.

Estas cosas llevan su tiempo. Tiempo, confianza, que las partes involucradas cedan; dejarse de malas caras, desplantes, comentarios, gestos. En definitiva, lo necesario para reconstruir algo, es trabajar juntos.

Este año, no he podido salir en sección porque me faltaban ensayos –todos, de hecho-, pero eso no me ha impedido salir el Jueves Santo ayudando a mis Hermanos de La Cena con agua, o chuches al Hermano Mayor. Porque nuestra labor en la Cofradía no se limita a nuestra “sección”, es mucho más amplia aunque a muchos no se lo parezca. Cada uno desempeñamos un papel, sí, pero la Cofradía son derechos y obligaciones.

Yo no he visto nunca decir a mi tía Cuca que como ella no había llevado las velas ni las había manchado, que no las iba a limpiar. O a Abel negarse a acercarle el bombo a alguien si no podía llegar al cuarto de instrumentos, porque como no era suyo le daba igual. O a Pepe pensar que como él no iba a llevar La Cena, no le iba a poner sus pletinicas o a hacer los apaños necesarios. Ni Sergio, Bea, Dani, ni yo dijimos este Jueves Santo, cuando todo el mundo se fue a seguir la procesión y no pudimos ver la salida de nuestra sección ni de nuestros Pasos, que pusiera los bancos el Padre Damián, que nosotros no los habíamos cambiado de sitio.

No.

Nos quedamos todos para hacer lo necesario. Porque esto a lo que llamamos Hermandad, no es de unos pocos, es de todos. Y si te necesitan para poner lirios, tirar globos por la iglesia –no sabéis lo que os perdisteis en la vigilia de Pascua-, o leer en las misas, lo haces. Porque no vale con hacerse de la Cofradía, hay que SER Cofradía.

Admito, que mi momento favorito de la Semana Santa es quitarme el capirote el Jueves. No hay nada que me guste más. Porque es el momento en el que tienes los sentimientos a flor de piel, se deja todo lo que haya podido pasar atrás por unos minutos, y SOMOS Cofradía. Ves Hermanos abrazados, algunos riendo, otros llorando; los más pequeños medio dormidos; costaleros saliendo con caras de alegría y cansancio; madres que van a buscar a sus hijos, besos, apretones, murmullos... Pero lo que se respira ante todo es felicidad y hermandad. Porque puede que nuestros Pasos sean un reclamo, pero ellos solos no van a ningún sitio.

Tenemos que estar TODA la Cofradía, persona a persona, individualmente, para que los Misterios, de forma simbólica, nos representen.

Y ya no me limito a hablar de la sección, hablo del Guion que nos lidera, hablo de las velas que nos iluminan el camino, hablo de los Hermanos que llevan la Panera, hablo de las madres a las cuales prohíben los delegados desde siempre acercarse a los niños a dar chuches y hacen caso omiso, hablo de Laura y de mi con miradas entre marcha y marcha para un simple “¿Oye, como vas?”, hablo de los cetros pasando como alma que lleva el diablo de una punta a la otra de la procesión, hablo del capataz del fraterno y el de la cena animando a nuestros costaleros a dedicar cada paso a los que queremos, hablo de los que nos acompañan en la procesión aunque no estén con nosotros, hablo de mi padre poniendo y quitando la rampa, hablo de mi abuela asomada cada Martes Santo a su balcón mientras pasamos con el Cristo, hablo del “Juntaos un poco más, que no cabemos en la plaza”. Hablo de todos. Hablo de lo que es, y debe ser, nuestra Cofradía. Hablo de hacer Eucaristía. De compartir. Hacer de ella un lugar de comprensión y apoyo, no una batalla campal.

Porque habrá muchos que pondrán zancadillas, que se enfadarán, incluso llegarán a renegar de la Cofradía, pero, incluso Pedro negó 3 veces, ¿no? Porque ni todo es blanco ni todo es amarillo. Existen muchos tonos entre ambos. Porque lo llevo diciendo mucho tiempo, y no me cansaré de repetirlo: todo el mundo suma; pero nadie resta.

Por eso, mi receta para mejorar está en hacer curas de humildad, arrimar el hombro, ver la necesidad de la Eucaristía de ser un conjunto y no distintos trozos que hacen el mismo recorrido, y sobretodo y ante todo:

  • SER HERMANDAD
  • SER UNO
  • SER COFRADÍA.

Un fraternal saludo, hermanos.

Leyre Molina


*Un coprolito es una hez fosilizada de Dinosaurio, la cual, durante esa excursión me afanaba por encontrar. Después descubrí lo que estaba buscando, y que en realidad eran de cabra. Fue un drama.