Un estilo propio de Cofradía.

¡¡¡Por fin es Jueves Santo!!! Serán los nervios de otro año más y son ya unos cuantos, pero tengo una sensación extraña, nueva, no sé. La gente de la Cofradía va llegando, cada vez más. Me ajusto mi costal; hábitos, tambores bombos, un mar de costales blancos. Blanco y amarillo Eucaristía ¡¡¡ Qué bien se ve la calle desde aquí !!!

Pero volvamos unas horas atrás. Como todos los años, el ritual comienza pronto. Sobre las nueve ya estoy por la parroquia. Qué bien huele, aunque sé que es por las flores, yo prefiero pensar que es el olor de Jueves Santo, que huele diferente que el resto de los días del año.

Idas y venidas de la Iglesia al patio, trae, avisa, ven…siempre lo mismo…y cómo me gusta. Es momento de saludos y abrazos, cófrades que hace tiempo que no ves, que viven fuera pero que por nada del mundo se pierden este día, nuestro día. Y ahí siguen los nervios.

Mientras hablo con un hermano, aparece Fernando, capataz del paso del Cristo del Amor Fraterno. Con gesto serio, mientras saca dos costales, me mira “¿tienes preparado lo de los costales?” Un escalofrío recorre todo mi cuerpo. “Sí aquí está”. Las manos me empiezan a temblar. “Pues toma estos costales y hazlos con Pablo en un cuarto”.

Nos dirigimos hacía un cuarto, buscando la soledad y el recogimiento que el momento requiere. No se trata de dos costales cualquiera, son los costales que irán a los pies del Cristo del Amor Fraterno y del Señor de la Cena.

De repente, como una tormenta de verano, me vienen a la cabeza tantos recuerdos de tantas semanas santas, de tantos ensayos con él, conversaciones, risas…

Hechos ya los costales, mi hermano Fernando, Pablo y alguno más que ahora no recuerdo (perdón) nos dirigimos hacia los pasos. Primero a la Santa Cena que ya tiene las flores puestas, acercamos la escalera al paso, me arrodillo ante el Señor, con unas cintas sujeto el costal a Sus pies “sobre todo sujétalo bien, que esta noche hará mucho aire” me han advertido Cuca y Mariví que siempre están a todo. Una vez sujeto el costal, por unos breves segundos me quedo mirando la cara del Señor de la Cena … “cuídalo”.

“En el Cristo del Amor Fraterno, lo pondremos en este lateral” comento, “aquí se verá más”, desplegado cayendo por un lado por encima del manto de flores”.

Vuelvo a mirar al Fraterno…”cuídales”.

Necesito tomar un poco de aire.

La mañana continúa. Un café, una buena conversación, amigos que te vienen a ver…Cuánta ilusión poder enseñarles con tranquilidad los pasos, los atributos.

Se detiene por un segundo el tiempo. Casi a última hora, entran por la Iglesia Isabel y Pilu. Nos abrazamos y alguna lágrima se escapa. ¡¡¡Qué valientes!!! Acercarse hoy por aquí…

Sacan de una bolsa un costal, este sí que es especial. Es el de él, el suyo, el de Luis. De nuevo me toca hacer el costal junto con Pedro, lo plegamos con sumo cuidado y una vez debajo del paso lo sujetamos al lado de la trabajadera dondeva Luis.

Nos despedimos, no saben si podrán venir esta noche.

Bueno, es hora de irse a comer y descansar un poco, va a ser un día muy especial. La hora se va acercando y los nervios van a más.

Llegó la hora. La Eucaristía en la calle, la gente está expectante…Ya está ahí sorteando milimétricamente el dintel de la puerta, mi Cristo del Amor Fraterno ya está en la calle para transmitir Su mensaje… “tomad y comed…”

Qué me pasa, qué sucede. Otros años a estas alturas los nervios ya han desaparecido, pero este año no se van.

Tres golpes de llamador me centran. Suena la voz del capataz. Llama a un costalero:

-¿Nos vamos ?- Se hace el silencio unos segundos.

-Un segundo Javier por favor -Ahora estoy más nervioso si cabe-¡¡¡Escuchadme!!! este año es muy especial, hoy le falta alguien muy especial a nuestro Cristo de la Cena, sus pies. Este año vamos a dar una levantá, para llevar al Señor al cielo para que le dé dos besos en las mejillas a un ángel que se asoma por las nubes…esto va por ¡¡¡Luis Serrano!!!” Al oír su nombre las primeras lágrimas asoman. No, no va a ser un Jueves Santo más…

-Pero el Señor –continua Quique- nos ha querido hacer un regalo, nos ha dejado aquí, debajo del paso, a su mujer Isabel. Por eso quiero que esta levantá vaya al cielo. ¡¡¡Por Luis Serrano, por su mujer Isabel, por sus hijos y por su familia!!! ¡¡¡LLAMA CUANDO QUIERAS!!!

Ahora entiendo todo, ese que se levantó raro, con nervios y que estaba asomado a la nube ¿sabéis quién era? Luis Serrano y estaba contento porque ha visto subir al cielo a su paso y desde allí, el Señor se ha acercado a su nube y le ha dado dos besos en las mejillas.

Siempre estaremos contigo Luis, y lo que es más importante, tú siempre estarás en tu nube con nosotros.…¡¡¡ANGEL DEL CIELO!!!

Enrique Álvarez Molina

Javier Sánchez Mateo