Sacerdotes ancianos.

  

Desde las páginas de Devoción Eucarística, queremos hoy compartir con vosotros la realidad de la edad de buena parte de nuestros sacerdotes. Siempre me ha gustado recordar el significado de la palabra<<Cura>>. Aunque resulta evidente, estamos tan acostumbrados a escucharlo, que le hemos perdido el significado, algo parecido a cuando decimos aquello de que: <<me vas a gastar el nombre>>. Pues bien, Cura viene de curar. <<Cura>>, es aquel que tiene medicina para el alma y la <<cura>>; sustantivo en un caso y verbo, por lo tanto, en el otro.

Ya hemos tratado en alguna ocasión, desde las páginas del Cenáculo, la escasez de vocaciones (las propias familias cristianas no queremos que nuestros hijos sean curas: lo consideramos una pérdida de tiempo; que sean curas otros). No son tiempos estos favorables a las cosas del espíritu, así que precisamente por eso, porque son cosas del Espíritu (Santo) y porque no es el tema que hoy nos ocupa, lo dejaremos para otra ocasión (de nuevo).

En muchas ocasiones nos quejamos de que el sacerdote (cura) que ha celebrado la misa era muy mayor, y no reflexionamos sobre la idea de que son muy pocos los sacerdotes de que disponemos y de que la actitud que debemos adoptar es la de agradecimiento, en lugar de la de queja. Agradecimiento, porque si ese cura no hubiera celebrado esa misa, quizá la parroquia tendría que haber anulado ese horario de misa, u otro sacerdote quizá saldría a ocho misas por domingo.

Estamos demasiado pendientes de que el cura nos entretenga, nos haga amena, fácil, corta y entretenida la misa y nos centramos demasiado poco en la realidad del misterio que vamos a celebrar. Si de verdad sabemos a lo que vamos, si creemos en lo que la misa significa, nos debería importar menos <<que nos entretengan>> y nos <<aburriríamos>> menos. Nos importaría más el verdadero protagonista (Jesucristo) y menos su segundo (el Cura que celebra).

¿Os habéis parado a pensar qué puede sentir un sacerdote cuando después de una vida de renuncia a vivir una vida propia, para vivir una vida de servicio a los demás, le llega la hora de la jubilación? ¿Qué hacemos con él, lo aparcamos porque ya no sirve? En muchas ocasiones son vidas intensas, relacionados con mucha gente, con actividades muy intensas, en algunas ocasiones en países (o barrios) de misión.

La mayoría de los Curas, cuando les llega la jubilación, quieren seguir siendo útiles, reclaman que contemos con ellos para algo, que el día que les ordenaron, lo hicieron: <<sacerdos in aeternum (sacerdotes para la eternidad)>>. El padre Anselmo Saglio, italiano, a sus noventa y dos años de edad confesaba: <<Me siento solo. Mi ministerio entre los inmigrantes de los campos de remolacha me apartó del circuito parroquial y conozco poca gente>>.

Estos sacerdotes <<veteranos>>, nos reclaman atención, nos piden que los acompañemos, que no nos olvidemos de ellos, que no los aparquemos en las residencias, que quieren seguir sintiéndose útiles. Que les demos ocasión para rezar, para decir misa, para acompañar a grupos, cosas con las que sientan que tiene sentido su vida como sacerdotes que no han dejado de ser. Aunque siempre les queda la oración, esta también hay que nutrirla en el contacto con los demás.

Cuando nos topamos con un Cura, no podemos olvidar que en su ancianidad, su familia somos los feligreses, puesto que él renunció a formar una familia propia.

En fin, queridos hermanos en Cristo, que aunque en algunas ocasiones y con alguno de nuestros sacerdotes no sabríamos dónde de lejos enviarlos (por ser suave), no debemos olvidar la función que desempeñan, la ofrenda de vida que hicieron, y me pesa mucho más la gratitud hacia todo ello, que las ocasiones en las que no acertaron en la homilía, en la gestión de la parroquia o en cualquier otro mundano menester.

Su escasez, además, los convierte en un tesoro, en una especie en vías de extinción y por lo tanto, hay que desarrollar un importante programa de conservación, cuya primera regla es nuestro agradecimiento y nuestro cariño.

Una oración para nuestros <<Curas>> y sobre todo para aquellos, que ya ancianos, quieren seguir siendo útiles.

Javier Barco