Una hora con:

Hay hombres que no se definen por etiquetas ni sonoros titulares ni gestos estentóreos ni alharacas. Hay hombres que, elegidos por los suyos como Hermano Mayor, se definen por su discreción y bonhomía, sin imperativos, sin puñetazos en la mesa, con la mano siempre tendida como tarjeta de presentación.

una hora con… Miguel Ángel Lasarte

Cofrade antes que Hermano Mayor

Miguel Ángel no usa twitter; tampoco facebook y menos aún tuenti. Y en su traje de miércoles —corbata rigurosamente a juego con la chaqueta, nudo amplio, nada de estampados que distraigan— no luce una insignia que le distinga como Hermano Mayor, como cofrade, como hermano que difunde el misterio de la Eucaristía. “La llevo cuando entiendo que tengo que llevarla, en actos institucionales o representando a la cofradía, no en mi día a día”.

Podría definir a Miguel Ángel a brochazos, o señalar varios puntos sobre el lienzo para que el lector cerrase el círculo, pero prefiero compartir con los lectores un gesto. Un gesto que dice todo de él sin enhebrar palabras. Lo viví a su lado el pasado Viernes Santo casi al término de esa carrera contra el tiempo en que algunos han convertido un tesoro espiritual y colectivo, la procesión del Santo Entierro. Compartimos trabajadera bajo el paso de la Santa Cena; alguien ocupó su puesto a la altura del paseo de la Independencia. Y llegados a la plaza del Justicia —todas las voces y alientos del público eran apenas ruido colado por los respiraderos— busqué a Miguel tras el paso y allí estaba. En su sitio. Le ofrecí el privilegio de que disfrutara de la última chicotá, la que nos llevaría hasta el interior de San Cayetano. Y dijo algo así: “Tú lo has traído hasta aquí y eres tú quien merece meterlo, y no yo”. Si añado algún adjetivo a su generosidad lo estropeo.

Esta tarde el aire huele a otoño y el paso nos espera muy pronto en Cogullada. El bueno de David Pascual y yo nos hemos citado con Miguel Ángel en la parroquia del Perpetuo Socorro, por cuyos oscuros pasillos transitan almas que pudieran ser religiosos o solo un vahído: apenas saludan con la mirada a nuestro paso. Miguel todavía no ha desanudado su corbata y ya ejerce de padre y también de hermano, no de Hermano Mayor. Es uno más en el taller donde el gran Pepe Lara juega con la cola de conejo y los cinceles, en ese cuarto amarillo donde los ecos de la cercana avenida de Goya no alcanzan.

Las notas de la Semana Santa reverberaban en casa de los Lasarte cuando Miguel era aún niño, cosecha del 62. “La vida de mi madre había transcurrido en el centro de Zaragoza y para ella las procesiones eran algo cercano, de lo que se hablaba en casa. Sin embargo, muchos de mis primeros Jueves Santos transcurrieron a las faldas del Moncayo, en Borja, donde teníamos una casa, y no fue hasta la adolescencia cuando un amigo y compañero en Salesianos, donde cursábamos estudios, me propuso tocar el tambor en la cofradía”.

El periplo cofrade sigue los cánones acostumbrados en nuestra ciudad: timbaleta, bombo calandino y el amor, que a veces acerca de las filas de la cofradía y a menudo aleja. “Los hábitos de aquella época, confeccionados por unas religiosas del paseo de la Independencia, se cerraban por detrás; de hecho, no sustituí el mío por el que marcan nuestros actuales estatutos hasta hace no tantos años; todavía puede verse alguno en nuestras procesiones”.

Miguel siguió sumando en las listas de hermanos, lejos ya del frío de los ensayos, hasta que se obró el milagro. Porque el Cristo del Amor Fraterno, ese al que rezamos antes de los ensayos de puertas con la mirada cohibida, de milagros sabe un rato. De cómo recobrar la fe, de cómo vibrar con la experiencia de ser su costalero. “Decidí venir hasta aquí, a la parroquia, el Martes Santo de hace ya dos décadas en que fue bendecido, y alguien puso la mano sobre mi hombro y me propuso llevarlo en andas. Pude decir que no. Dije que sí. Que por supuesto. Y hasta hoy”. ¿Crees firmemente en el costal? “Más que hacerlo en el costal apuesto en realidad por un proyecto integral en el que el costal es otro elemento de nuestra salida procesional, pero una salida estudiada, en la que todo tiene un porqué. No obstante, te diré que Rafa Rodríguez, ese capataz de capataces que dictó una clase magistral en Zaragoza el pasado invierno, me colocó el primer costal que se vio en nuestra ciudad hace ya casi veinte años. Aunque confieso que la de 2012 fue mi última Semana Santa como costalero”.

De las andas del Fraterno a la Junta de Gobierno como vocal durante el mandato de Carlos Martínez; se despidieron juntos con los deberes hechos y solo al fallecimiento de Luis Gutiérrez sonó su nombre como Hermano Mayor. El de Miguel. Sí, Miguel Ángel Lasarte como Hermano Mayor. Un cofrade de los que trabajan sin aspavientos, sin gritos, sin hacer ruido. ¿Por qué tú, Miguel? Conociéndote intuyo que nunca has librado una carrera electoral en pos del cetro… “Quizá por eso, no lo sé. Quizá pensaron que podría serlo porque era uno de esos cofrades que estaba siempre ahí, montando los pasos hasta la madrugada o echando una mano donde se terciara en Cuaresma. El caso es que 2013 será mi sexto año como Hermano Mayor y mi segunda legislatura. Ya al término de la primera sondeé si alguien tenía el ánimo de asumir el relevo pero a ningún hermano le apeteció dar un paso al frente, así que volveré a consultar dentro de un tiempo si a alguien le estimula recoger mi testigo”.

El pulsómetro resiste la prueba: Miguel Ángel va todavía sobrado de fuerzas. Cual futbolista veterano, intuye la dirección del esférico, abre espacios y mide sus carreras. “Si me preguntas por el nuevo curso te diré que el anterior lo cerraba simbólicamente la procesión del Corpus Christi; una procesión en la que nuestra cofradía anhela implicarse todavía más en connivencia con el Cabildo hasta convertir esa fecha en otro puerto importante de nuestro calendario; y la vuelta a las “aulas” la hemos aplazado casi a finales de septiembre, aunque en verdad nuestro hermano tesorero haya estado planificando la distribución y venta de la lotería navideña ya al final del verano. Pero ganas y proyectos los hay; seguimos barajando qué guiños debemos hacer al cofrade para conseguir su implicación en actos litúrgicos o parroquiales como la eucaristía en recuerdo de nuestros difuntos, en los que la participación es aún testimonial. Desde hace tiempo circula en los corrillos nuestro sueño de contar con un paso de palio… y algo de verdad hay en ello; solo diré que tras la experiencia de trasladar el nuevo paso de la Santa Cena a Zaragoza valiéndonos de la famosa plataforma aprendimos mucho de esa experiencia y ya estaríamos en condiciones de hacer lo propio con un palio, pero queda mucho, pero mucho camino por recorrer: nuestra cofradía debería ser mucho más numerosa para avanzar en esa quimera. Además, nuevos cofrades en nuestras listas implicaría nuevas ideas”. De su familia, su mujer, sus dos hijos, tres de sus hermanos, un cuñado y hasta cinco sobrinos se arremolinan alrededor del mensaje de la Eucaristía, “nuestro fin esencial en la calle, que tratamos de transmitir al fiel que nos aguarda en la acera”. La Eucaristía como mensaje, como ideal, como bandera de un Hermano Mayor que, si fuese entrenador, sabría gestionar con acierto el banquillo: sin sonoros titulares, sin gestos estentóreos, sin alharacas.

Una entrevista de Sergio Navarro

Fotografía: César Catalán. Miguel Ángel, ante el portón de San Cayetano, minutos antes de que diera inicio la Paraliturgia y el Pregón de la Semana Santa 2012.