La Confirmación.

El pasado mes de mayo se confirmaron unos hermanos, que se habían preparado en un grupo de confirmación de la Cofradía, dirigido por hermanos cofrades, integrado en la preparación para la confirmación de nuestra parroquia. Fue bonito y emotivo ver cómo estos hermanos, después de un periodo de formación, dieron pleno sentido a dos hechos, para nosotros, muy importantes:

1. El bautismo.

2. Ser hermano de la Cofradía de la Eucaristía.

Para un bautizado, dar este paso, supone «confirmar» la fe que nuestros padres nos han transmitido. El día de nuestro bautismo éramos pequeños, no sabíamos lo que hacíamos, ni lo que estaba ocurriendo. Pero ahora, con una edad suficiente, estamos en condiciones de decir SÍ, desde nuestra madurez y responsabilidad, a la Fe en Cristo.

Para lo segundo es tan sólo un acto de coherencia. No tiene sentido ser hermano de una cofradía y no «confirmar» esa Fe. Cuando ingresamos en la hermandad, hacemos juramento solemne de profesar la Fe católica. Si nos hicieron hermanos, de pequeños, igual que en el bautismo, tenemos la oportunidad, al cumplir los catorce años, de pasar ante el Señor de la Cena a «confirmar» aquel juramento que hicieron nuestros padres por nosotros.

Desde el respeto que nos merece la opinión de cada uno, podemos afirmar que la confirmación no es un requisito indispensable para ser hermano cofrade, PERO también tenemos que reconocer que no tiene mucho sentido salir a proclamar una Fe que no refrendamos. Tampoco parece muy lógico realizar una estación de penitencia, de más de cinco horas, en la QUE hay un componente de sacrificio físico innegable, sin refrendar públicamente nuestra Fe.

Qué lleva a un hermano que toca un instrumento, a pasar las frías tardes y noches de enero y febrero, en esta Zaragoza ventolera, los meses de ensayo, un día tras otro, sino es la proclamación del convencimiento de su Fe. Para qué se mete debajo del paso un costalero, sino es para proclamar con su esfuerzo titánico su Fe en el misterio que lleva encima y su amor a las imágenes que sobre sus pies recorren las calles de Zaragoza, la noche del Jueves Santo. Las hermanas de mantilla, se visten guapas, tan sólo, o manifiestan su Fe. Qué sentido tiene la luz que porta el hermano de vela, si lo que lleva en la mano no es la Luz que Cristo vino a traer al mundo. Y los hermanos que portan atributos, para qué están cinco horas con un palo, una cruz, un farol o lo que sea.

En otro orden de cosas, es firme creencia de nuestra iglesia, que la confirmación supone una reafirmación especial de la gracia del Espíritu Santo sobre nosotros. Esas fuerzas extras, nos van a ser muy necesarias, en adelante, para ser un soldado de Cristo, para ser coherente con su evangelio.

Quién nos dice a nosotros que no nos vamos a ver en la situación, hoy en día, para quedar bien, o por vergüenza, de negar a Cristo. No es fácil confesar que uno es cristiano según en qué ambientes.

No es fácil decir que vas a misa los domingos, que crees en Dios. Por esas cosas, según dónde, hoy se nos ríen. ¡Necesitamos la gracia especial del Espíritu Santo, para ser buenos Cristianos!

Nos queda una última consideración. Hace ya algún tiempo, que para ser miembro de la Junta de Gobierno de la Cofradía se exige estar confirmado. Imagina que tu cofradía un día te llama, para trabajar por ella, formando parte de su Junta y que tu respuesta tuviera que ser que no, porque no estoy confirmado.

Para tu confirmación te puedes dirigir a la parroquia más cercana a tu domicilio. Si tu colegio es religioso, seguro que ellos también te lo gestionan, y en todo caso la Cofradía te ofrece sus grupos.

¡Feliz confirmación!

La Junta de Gobierno