II Exaltación de la Cruz In Memoriam

El pasado viernes 6 de noviembre, a las 20:30 horas tuvo lugar al igual que el año pasado la exaltación a nuestra Cruz in Memoriam, acompañada por la imagen del Señor de la Santa Cena, a los pies de su altar, en la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

En las siguientes líneas encontrareis el texto que leyó el exaltador que nos acompañó este año, Jorge García Pastor.

“Madre. Más que juzgarlos, sálvalos”.

Así reza una inscripción en latín en el estípite de la Cruz In Memoriam de una de nuestras Hermandades, y es que, como leemos en una publicación de la Cofradía de la Institución de la Sagrada Eucaristía:

“Ser cofrade en Zaragoza y morir dentro de una de nuestras cofradías significa no dejar nunca de participar en sus cultos, continuar por siempre jamás, al menos mientras lo haga su cofradía, procesionando por las calles de Zaragoza”.

En estas dos citas queda definido el espíritu que envuelve esta singular insignia procesional. No es un mero adorno, ningún atributo lo es. Todos tienen su significado dentro del cortejo pues nunca podemos olvidar que una procesión no es sino un instrumento de evangelización.

Para muchas cofradías de advocación Mariana o con Misterios anteriores al camino del Calvario, y sin la costumbre de portar una cruz guía o la cruz parroquial, su existencia posibilita que el signo que nos identifica a los cristianos esté presente. Y Junto a ella, también los ausentes. Muchos de ellos queridos y añorados. Modelos de buen cofrade, de hermanos con los que hemos construido hermandad, unas veces tocando el tambor, otras bajo las trabajadoras, las más de las veces en encuentros, procesiones y eucaristías o en la caridad. O simplemente disfrutando de la amistad.

Pero una Cruz nunca puede ser un adorno, ni siquiera cuando la llevamos colgada del cuello. Y es algo más que el símbolo que nos define a los cristianos, tal vez demasiado acostumbrados a contemplarla en la iglesia o en nuestras casas, pero cada vez menos en otros ámbitos. Una cruz, un crucifijo, es la gran lección del cristianismo pues representa el misterio de la salvación en Cristo. Por la Cruz, Jesús nos ofrece la total entrega de sí mismo. Esta cruz debe iluminar toda nuestra vida. Darnos esperanza y mostrarnos el camino de cada día, comprometiéndonos en un estilo de conducta para llegar a la Buena Nueva. Por eso una antigua y sencilla cruz in memoriam de otra de nuestras cofradías rezaba en su sobrio patíbulo “Nuestros Muertos nos señalan el camino a la eternidad”.

Como la del Gólgota todas son de madera. Las hay suntuosas o sencillas. Inspiradas en la cruz guía, con reminiscencia de cruz de sudario o de tau franciscana. Las hay también con formas vanguardistas o las que recogen la tradición del crucificado alzado, el más primitivo de los atributos procesionales.

Las hay iluminadas con una tenue luz interior o acompañadas de cirios, hachas o flameros. No podía ser de otro modo. Jesús nos dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Pero un cristiano no debe conformarse solo con ser iluminado con la Luz de Cristo, sino que debemos ser luz para los demás. No podemos olvidar que también Jesús nos dijo "vosotros sois la luz del mundo…. Brille así vuestra luz delante de los hombres”.

Llevar en la mano una lámpara o una vela encendida es una seña elocuente de esta convicción y a lo largo del Año Litúrgico la Luz es el símbolo que solemniza el Misterio de Cristo. La luz añade expresividad a la liturgia. Que vamos a decir los cofrades siempre preocupados por la luz de nuestras procesiones. Y si en el bautismo es símbolo de vida, en las Exequias, momento culminante del caminar cristiano, la muerte nos introduce definitivamente en la Luz sin Fin.

Si todo esto encarna una vela, un cirio, una simple y artificial bombilla, que mayor carga simbólica tendrá la cruz in memoriam cuando nos recuerde la luz alcanzada por nuestros Hermanos Cofrades. Si la miramos y la veneramos desde la oración nos debe ayudar a situarnos, a orientarnos en ese camino para ser merecedores del mismo Final.

Y tú su portador, te conviertes en un afortunado Cirineo, y seguramente te darás cuenta de lo pesada que es la Cruz. Como no va a ser pesada si está hecha de almas y de los recuerdos de muchos seres queridos. Para los teólogos a partir del encuentro con Cristo el dolor cobra para Simón un sentido nuevo. Comprenderá que se trata de un auténtico sacrificio, de una acción sagrada que se lleva con amor.

Los hombres no nos encontraremos Camino del Calvario en el sentido real como Simón de Cirene, pero todos hemos sufrido o sufriremos el dolor de una manera o de otra, que sea la Cruz de Cristo o sean otras cruces es cosa nuestra.

También para los teólogos el Cirineo nos recuerda los rostros de tantas personas que nos han acompañado cuando una cruz muy pesada se ha abatido sobre nosotros o nuestra familia. Nos recuerda a tantos voluntarios que en muchas partes del mundo se dedican generosamente a ayudar a quién pasa por momentos de sufrimiento. Nos enseña a dejarnos ayudar con humildad, si lo necesitamos, y también a ser cirineos para los demás.

Para los teólogos…… ¿Y para los cofrades?

No todos podremos gozar del privilegio de portar una Cruz in memoriam, de ser el Cirineo de las almas de nuestros difuntos, pero que mejor soporte para hacer presentes a quienes nos precedieron, para que nos acompañen siempre a la vez que les rendimos nuestro tributo. Memento denomina una cofradía al conjunto de sus cruces repletas de nombres grabados en rojo. Recuerda…. Memento….

Y les recordamos. Claro que les recordamos. Nombres grabados en la madera. Placas con los nombres de nuestros cofrades. O una simple cruz, lisa y llana. Todas representan procesional y simbólicamente a los hermanos que nos han precedido en su llegada definitiva a la Casa del Padre. Conforme pasan los años, esa Cruz nos parecerá más pesada, pues se irán cargando con la emoción del recuerdo permanente de familiares y amigos con los que compartimos vivencias cofrades y crecimos como católicos. Y si como cristiano, la muerte de un ser querido nos debería crear el sentimiento contradictorio del dolor de la perdida con la esperanza del creyente en la Vida Eterna, para nosotros, los cofrades, al dolor y la esperanza unimos el saber que siempre seremos recordados. Y que la cofradía nos brindará el mejor sitio para ello. Y como reza en otra de nuestras in memoriam invocando a la séptima palabra “En tus manos encomiendo mi espíritu”, la oración que Cristo nuestro Señor nos enseñó en la Cruz con su último aliento. En esta cruz encomendaremos nuestra vida, pues mientras alguien nos recuerde viviremos.

No todos podremos gozar del privilegio de portar una Cruz in memoriam, de ser el Cirineo de las almas de nuestros difuntos. Pero de nosotros depende tener el honor de estar en ellas, pues solo nosotros nos podemos quitar ese derecho Tan solo se nos pide ser cofrades, pero esto exige ser católico, ser cristiano, ser Luz para los demás, ser Cirineo en el camino de cada día.

Junta de Gobierno de la Institución de la Sagrada Eucaristía, hermanos cofrades, miembros de otras cofradías, amigos todos. No soy teólogo, sino un mero cofrade, y ni siquiera un buen cofrade, pero que espera, cuando al fin nos recoja Su mano para hacernos gozar de Su pan y de ese Cáliz que aquí mismo nos muestra el Señor de la Santa Cena, ser digno para no dejar nunca de procesionar con mi Hermandad. A este cofrade alguna vez le pesa haberse levantado el tercerol, y sin embargo, gracias a eso me habéis otorgado el honor de obligarme a hacer estas reflexiones, en unos días tan especiales para la celebración de la memoria de los difuntos, diluida entre festejos de consumo y un laicismo mal interpretado por los políticos, y poderlas compartir con todos vosotros, sobre el atributo zaragozano, sin lugar a duda con más carga simbólica y el que más nos debe exigir de todas nuestras procesiones.

Jorge García Pastor

Fotos: Oscar Puigdeval.