Don Isaac Peral.

Nos encontramos, una vez más, con uno de estos personajes históricos con los que la madre patria, España, fue injusta y tampoco lo hemos arreglado, ni mucho ni poco, los actuales españolitos.

Pudiendo haber sido uno de los grandes inventos de la época, mejorando la eficacia militar de España en una época en la que bien necesitada estaba de ello, la dichosa herencia cainita hizo que políticos y compañeros en el escalafón militar, no sólo no le prestaran la suficiente atención al invento, sino que lo boicotearon, a pesar de que las primeras pruebas de su submarino fueron todo un éxito.

Sobre los actuales españolitos, qué os vamos a contar, aquí, cualquier petimetre de tres al cuarto tiene su calle o su placita, cuando no algún parque o alguna avenida. No son tantas las ciudades españolas que le tienen hecho un huequecito en su callejero, el nombre de un colegio, o dedicada alguna placita recoleta.

Para dar una corona como premio tenemos el ejemplo (o el mal ejemplo) de Murcia. En dicha ciudad, nuestro protagonista de hoy tiene un parque dedicado, si bien, hasta hace unos años tenía también la principal avenida de la zona norte de la ciudad, pero, ¡oh, cosa del signo de los tiempos, enorme agradecimiento a quien abdicó (porque no quedaban más …, remedio), currículum lleno de heroicidades en el servicio a la patria y la comunidad científica todavía descifrando sus enseñanzas!, dicha avenida pasa a llamarse: <<Avenida D. Juan de Borbón>>. Da la casualidad de que Isaac (así le llamamos en la confianza que ya hemos desarrollado con él), es uno de los pocos grandes científicos de renombre mundial que ha parido la región de Murcia.

Menos mal que en Zaragoza sí le hemos hecho justicia a este gran militar y científico español y una de las calles de la ciudad le rinde homenaje, en concreto una de <<Nuestras Calles>>. Así, que el Jueves Santo por la noche, a eso de las 11.00 h, poco más o menos, nos sumergimos en el submarino de D. Isaac Peral, para llegar poco a poco al corazón cofrade de la cuidad; el casco antiguo.

Isaac Peral tiene una intensa carrera en la Armada Española, intervino en la guerra de Cuba y en la Tercera Guerra Carlista, en ambas acredita valor y pericia y fue condecorado por ello. Destacó también en trabajos y misiones de carácter científico, siendo uno de los grandes científicos internacionales de la época. Entre otros méritos podemos destacar: escribió un Tratado teórico-práctico sobre huracanes, trabajó en el levantamiento de los planos del canal de Simanalés (Filipinas), en 1883 se hizo cargo de la cátedra de Física Matemática de la Escuela de Ampliación de Estudios de la Armada.

En 1885, comunicó a sus superiores que había resuelto definitivamente el reto de la navegación submarina. Tras un riguroso análisis por parte de los más cualificados científicos de La Escuela de Ampliación de Estudios de la Armada, estos dieron su aprobación para que fuera trasladado el ministro de de Marina, Almirante Pezuela, quien recibió el proyecto con un gran entusiasmo. ¡Qué pena que todo quedara ahí!, porque los sucesivos ministros mostraron indiferencia e incluso hostilidad.

A pesar de la resistencia y gracias al apoyo expreso y decidido de la reina regente María Cristina, el submarino fue botado el 8 de septiembre de 1888, si bien, y a pesar de que las pruebas fueron un gran éxito, como ya dijimos al principio, las autoridades de la época desecharon el invento y promovieron una campaña de vilipendio y desprestigio contra el inventor, a quien no le quedo otra que solicitar su baja en la Marina e intentar aclarar a la opinión pública la verdad de lo sucedido. No le fue permitido publicar su <<Manifiesto>> en ningún medio de comunicación, teniendo que publicarlo en un periódico satírico llamado <<El Matute>>, y costeándolo de su bolsillo.

¡Qué cosas tiene la vida! Dedicado a la vida civil, funda varias empresas en las que tiene un gran éxito dados sus conocimientos sobre el aprovechamiento de la energía eléctrica.

Convaleciente de Cáncer desde hacía ya tiempo, fue operado en Madrid y posteriormente lo será también en Berlín, pero un descuido en las curas de esta última operación le producirán meningitis lo que le ocasionará la muerte un 22 de mayo de 1895.

En 1911, sus restos serán exhumados para ser trasladados a Cartagena, donde hoy reposan. Había nacido en dicha ciudad, un 1 de junio del año de gracia del Señor de 1851.

Javier Barco