Entrega cofrade.

No podemos mirar hacia otro lado. En estos tiempos en los que tanto nos necesitan los demás, debemos “entregarnos” para darnos a todos aquellos que están sufriendo tanto o más que nosotros, que a fin de cuentas en eso y en amar a Dios, se resume nuestra Fe.

EL Papa Francisco en el encuentro con hermandades y cofradías nos decía, “sed un Verdadero pulmón de Fe”. Un pulmón de fe interno y externo. Interno para todos y cada uno de sus hermanos, y externo, para llevar oxígeno a esta sociedad tan necesitada de valores y de referentes. Por eso no hemos de olvidar que todos estamos en la obligación y estamos llamados a ser ese aire que posibilite el buen funcionamiento del pulmón.

Nuestro Arzobispo en una ocasión nos dijo a las cofradías: «no se ha hecho la luz para esconderla, sino que se ha hecho para sacarla a las calles y que ilumine fuerte y poderosa» y añadía: «vosotras, las cofradías, sois el mascarón de proa de la Iglesia, porque sacáis la luz de Cristo a las calles y no os avergonzáis de proclamarla».

Me voy a permitir la licencia de contar una anécdota que me ocurrió hace unos días reflexionando sobre estas y otras cuitas:

Me encontraba hablando con un amigo mío no muy dado a temas cofrades sobre la posibilidad de quedar uno de estos fines de semana de pre cuaresma o cuaresma para juntarnos todos los amigos y pasar un día de barbacoa, risas y campo. Ante tal proposición yo avisé que hasta prácticamente después de Semana Santa, servidor tendría todos los fines de semana ocupados por aquello de que las cofradías dan mucho de sí, de que todos los años hay variantes, las emociones previas y demás.

Este, algo mosqueado por el tema me miró y me preguntó:

A ti te gustan mucho las Cofradías ¿no?

Efectivamente- le respondí yo

Pero todos los años salen los mismos pasos ¿no?- Me volvió a preguntar él

Así es- Volví a responderle yo

Y esos pasos no cambian ¿verdad?

No, no cambian.

¿Y las imágenes son las mismas?

Si, son las mismas

Y la música que tocan es la misma, según tengo entendido

Pues si es la misma, con matices, pero es la misma.

Y pasan por los mismos sitios también ¿no?- Insistía él

Ante esto y con el objetivo de no liar a mi amigo con el ajetreo cofrade que nos traemos estos días entre manos con horas y horas de tertulia de cambios de itinerarios, de horarios y otros tantos temas cofrades, me limité a responderle con un seco y algo mosqueado:

Si hijo si, pasamos por los mismos sitios todos los años.

A lo que él, con el gesto de aquel que se sabe en la posesión de la más absoluta de las verdades me espetó con un claro rotundo y convincente.

¿Qué tiene eso de emocionante? Si todos los años repetís la misma historia.

Puedo entender –sabedor de mis debilidades- que sea emocionante ver a Morante torear o incluso ver un partido de tu Zaragoza… (aunque esto más que emocionante sea ya deprimente). Pero ver cofradías que no cambian de un año a otro y que pasan todos los años por los mismos sitios haciendo lo mismo… eso ni tiene emoción ni na…

Me quedé un rato pensativo, pero enseguida me di cuenta de que mi amigo no tenía razón, puede que nada cambie para el espectador cada año, pero lo que sí que cambia es el propio espectador, y ahí reside la grandeza, la belleza y la emoción de esto:

En que aquel que contemple el paso de la Eucaristía por las estrecheces de Ossaú y Méndez Núñez, en complicidad con el inexorable paso del tiempo, de las diferentes circunstancias en las que nos envuelve la vida cada año llegada la semana de pasión, es lo que hace que aunque la esquina sea la misma, y los pasos sean los mismos; nosotros no somos los mismos, somos una Semana Santa «más» y nos queda una Semana Santa menos. Cambiará nuestra perspectiva, cambiara nuestra emoción, volveremos a ver a vivir y a conocer lo mismo, pero de distinta manera.

«Entrega», a los hermanos y a la ciudad, cuando al llegar la bendita noche del Jueves Santo, la Cofradía de la Eucaristía se eche a la calle a proclamar el misterio de la Institución de la Sagrada Eucaristía. «Entrega», cuando cruzamos el umbral del Perpetuo Socorro, para emocionar a cuantos nos ven, para enseñar a rezar en la calle a aquel que no sabe venir a la iglesia. «Entrega», cuando ese inmenso derroche de amor de nuestra bendita estación de penitencia, llegue a San Cayetano, exahustas las fuerzas y pleno de vigor y alegría el espíritu, por la labor realizada.

Adaptación del texto de Jesús Pulido Chacón,

gran cofrade y primo del Padre Víctor.