La confirmación.

Las cosas bien hechas

Siempre recordaré la impresión que me dejó con apenas 13 años mi primera visita a Zaragoza en Semana Santa. Me admiró la belleza de la ciudad, la grandiosidad del Ebro y sentí en mis carnes la fuerza del Cierzo. Salimos en familia a ver algunas procesiones como es costumbre en esas fechas en mi tierra, Andalucía. Mi primera sorpresa llegó por el oído: ¡tambores! Y menuda fuerza tenían. Todavía perdura en mi interior el impacto de aquel ritmo que sin duda me ayudó a vivir la Pasión del Señor. La segunda llegó a la vista: velitas eléctricas, al principio me extrañaron, ya que en el sur no se ven, pero la siguiente racha de Cierzo me hizo ver su razón de ser. Todavía me sorprendió, por novedoso para mí, la manera en que llevaban aquellas imágenes: con ruedas y empujando... No tuve aún la suerte de conocer ni al Cristo del Amor fraterno ni el paso de la Santa Cena.

Me chocó bastante aquello de las ruedas, sí debe de ser cómodo y facilitar mucho el desplazamiento de los pasos, pero... Se pierde en esfuerzo, se pierde en entrega y creo que también se pierde en belleza. El paso humano, el esfuerzo de los costaleros, le da a las imágenes una viveza y una naturalidad únicas que no se consiguen de otro modo por muchas ruedas que se pongan. Las cosas, bien hechas. Es la humilde opinión de este andaluz que os escribe que a los 13 años visitó Zaragoza y le pilló por sorpresa.

Comienza un nuevo curso en nuestra Parroquia y en nuestra Cofradía de la Institución de la Sagrada Eucaristía, y con ella la oportunidad de seguir haciendo las cosas bien, con esfuerzo, con entrega, con belleza. Y ¿cuál es mi propuesta? Que sigamos creciendo en la fe, dando culto al Señor y aumentando nuestro amor a la Eucaristía que es centro y culmen de la vida cristiana. Para aquellos que no estáis aún confirmados éste es el momento de prepararos. De seguir llevando vuestra fe, no a empujoncitos y con ruedas, sino a costal. Con más esfuerzo, con más entrega y belleza.

La Confirmación es el sacramento de la madurez en la fe. De asumir libre y personalmente la fe que otros (padres y padrinos) profesaron por nosotros cuando aún no podíamos hacerlo. Un cofrade sin confirmar es algo extraño, porque es alguien implicado de primera mano en transmitir y celebrar los misterios más grandes de nuestra fe, la Eucaristía en vuestro caso, pero que aún oficialmente no ha dicho que sí a la fe. Es como un niño. ¿Y no nos pide el evangelio ser como niños? Sí claro, nos pide imitar la sencillez, la espontaneidad y la inocencia de los niños, pero no su inmadurez. Hagamos las cosas bien hechas.

Igual que cuidamos hacia fuera la presentación de nuestra Cofradía cuidémosla "hacia dentro".

Contemplemos al Señor de la Cena que se yergue hermosísimo al final de nuestra Iglesia ofreciéndonos el cáliz de la fe, y recordemos sus palabras que nos invitan a seguir creciendo, asumiendo esfuerzos y dificultades: "el cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?". Sigamos caminando juntos hermanos, sigamos haciendo las cosas bien hechas. Feliz curso a todos.

Víctor Chacón Huertas, CSsR

P.S: Recuerda que para ser miembro de junta es requisito imprescindible estar confirmado