Nuestros funerales.

Con toda seguridad este es uno de esos títulos redondos, que describen perfecta y completamente, lo que en el artículo se quiere contar. Con toda seguridad, también, es este uno de esos artículos que llevaba tiempo queriendo escribir, pero que sólo lo podía hacer para contar que se había logrado el objetivo conseguido; como ya es el caso.

Comienzo por explicar la primera de mis seguridades. Algunos hermanos en Cristo, un servidor entre ellos, hace mucho tiempo que queríamos ofrecer a los hermanos cofrades, el celebrar en nuestra parroquia los funerales de sus seres queridos. Sintiéndonos incómodos en la frialdad de los salones de actos del complejo funerario de Torrero (yo no me atrevo a llamar capillas a esas frías estancias), con un sacerdote al que normalmente ni conocemos, ni nos conoce.

Creíamos que como Cofradía, debíamos poder ofrecer algo más en este tema a los hermanos cofrades. Echábamos de menos vivir unos funerales en los que, verdaderamente, nos sintamos reconfortados, plenamente conscientes de la pena por el dolor humano ante la pérdida de un ser querido, pero consolados en la certeza de la resurrección y sabedores de que nuestra madre santísima del Perpetuo Socorro, estará, precisamente, socorriéndonos, perpetuamente; nos parecía que nuestra parroquia podría ser una buena opción. Era de hecho, una de nuestras peticiones, desde hace tiempo, como Cofradía, a la comunidad redentorista.

Y ocurrió que, como suele suceder con las cosas de Dios, estas acaban ocurriendo sin saber muy bien porqué. Una mañana sonó el teléfono; era Fernando, el capataz del Amor Fraterno: la madre de Javi acaba de fallecer; el funeral es mañana, en el Perpetuo Socorro y «Corpore insepulto»; es decir, lo que lleváis tiempo queriendo hacer.

El funeral lo celebró nuestro Consiliario y párroco, el padre Alfonso. Cercano, afable, cariñoso, había hablado previamente con Javi, sabía cómo estaba. Las paredes nos eran conocidas, las mismas que nos acogen cada noche de Jueves Santo, nos sentíamos en casa.

El féretro entró llevado solemnemente a hombros por sus compañeros costaleros, se dirigió directamente, nada más entrar, a saludar a la imagen de nuestro Señor de la Santa Cena, se detuvo unos breves instantes delante de él, un nudo en la garganta de todos los presentes y lágrimas, por fuera y por dentro.

Llegado al altar, depositaron encima una estatuilla de su Cristo del Amor Fraterno, ese que sale a las calles a predicar «Amor Fraterno», gracias a Javi,a gente como él. Os puedo garantizar el consuelo y la gratitud de Javi, el recuerdo imborrable de haberle podido dar a su madre el mejor de los funerales posibles: Un «funeral, nuestro».

En otro orden de cosas, paso a explicar la segunda seguridad. Y es que este artículo, estaba en mi cabeza desde hace mucho y por lo tanto tenía ganas de poder escribirlo pero, para ello, tenía que ser posible ofrecer lo que nos proponíamos. A los pocos días del funeral de la madre de Javi, fui a hablar con el padre Alfonso, y le comenté lo sentido y emotivo del funeral que se celebróle pedí que si los funerales de los familiares de los hermanos cofrades se podían celebrar en la parroquia. A lo que me respondió, que no sólo se podía, sino que se debían celebrar en las parroquias. La alegría fue enorme, porque llevábamos tiempo pensando así.

Por último, otro deseo largamente anhelado. Hace ya unos años, una compañera de catequesis nos pidió que cantáramos en el funeral de su padre. Nos quedamos helados, y claro, no pudimos decirle que no; ¡vaya compromiso! El comienzo de la misa fue frío, como no podía ser de otra manera, pero poco a poco, conforme iba avanzando la celebración, esta fue ganando en emotividad, sentimiento; y Conchita, todavía nos está agradecida de aquel recuerdo.

Desde el coro de la Cofradía, procurando recoger todas estas inquietudes, deseando ayudar a sentir verdadero consuelo espiritual a nuestros hermanos en Cristo en momentos tan señalados, ofrecemos a aquellos hermanos que celebren el funeral de un ser querido en la parroquia del Perpetuo Socorro, si así lo desean y siempre que podamos acudir un número suficiente de miembros del coro, acompañaros en la misa funeral con nuestras oraciones y nuestras cantos.

Javier Barco

Tambor, Costalero y Capataz