Judas Iscariote. El apóstol traidor.

   Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?” Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.

Jesús dijo: “Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis.”  ¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!”

  Es difícil de desentrañar la mentalidad de Judas y no tenemos muchas pistas. Todos los textos coinciden en un hecho: Fue el apóstol desertor, el que traicionó a Jesús por treinta monedas. Pero cuando se avanza a buscar la causa de esta traición los autores no se ponen de acuerdo.

  La postura clásica se centra en las anteriores citas para plantear la teoría de la avaricia; era un ladrón.  Sin embargo; la cantidad, las treinta monedas, no era tan grande como para vender a un amigo al que había estado siguiendo tres años. Desde luego, era mucho menor que los trescientos denarios del frasco de perfume.

  Por ello se avanza otra teoría, Iscariote lo relacionan con la palabra “sicario” de “sica” la daga que llevaban escondida los más radicales y violentos de los celotes. A partir de ahí entienden que Judas buscaba al cabecilla revolucionario, al Rey de los Judíos que iba a liberar a su pueblo del yugo romano y cuando comprendió que no era ese el reino que Jesús predicaba la decepción, el fracaso, le llevó a entregarlo.

  Probablemente, sea la suma de las dos teorías y alguna más.

En todo caso, Jesús también lo llamó a él. Tuvo las mismas oportunidades que los demás. Pero fue el apóstol desertor. Avaro, buscaba un reino en este mundo, violento y traidor, y cuando vio que el camino se terminaba para él abandonó.

Cuántas veces nos hemos equivocado de camino, lo hemos abandonado, pero a diferencia de Judas hemos hecho lo más importante, levantarnos, reemprender el camino de Cristo.

  Impulsivo, violento, marcado por las dudas al no entender el mensaje de Cristo y terminar consumando la traición. La fantástica imagen de Navarro Arteaga nos muestra todo esto y mucho más. Nos lo presenta con una mirada dura, huidiza, que preside su rostro. su cara tiene un gesto dual, más duro, incluso furioso de un lado, que de otro. Encorvado sobre el brazo que sostiene la bolsa. Todo en el nos transmite la idea de su carácter violento y traidor.