Participemos en el Mandato del Amor.

             

El pasado 21 de febrero comenzaba una nueva cuaresma con la imposición de la ceniza, tiempo de conversión en busca de “un hombre nuevo” que nos lleve hacia la culminación del Triduo Pascual, en esta celebración nuestro consiliario Padre Jesús Maria Casas nos decía que “tenemos que mirar de verdad en nuestro interior, como si de un pozo de agua se tratara y que buscáramos el agua tranquila, limpia, cristalina”

Durante la cuaresma se nos invita a profundizar en nuestro interior, dejando atrás nuestros egoísmos, nuestros abusos, que rechacemos las apariencias, que nos libremos de la falsedad, que nos acerquemos a Dios con la oración, que ayunemos de lo superfluo, que ayudemos con nuestro compartir a nuestros hermanos y que solo encontrándonos en toda nuestra verdad interior, conseguiremos encontrar el amor de Dios.

Estamos próximos a celebrar el Triduo Pascual, la misa vespertina del Jueves Santo “in Cena Domini” abre el Triduo Pascual de la Pasión y Resurrección de nuestro Señor.

En la celebración eucarística in Cena Domini conmemoramos un triple misterio: la Institución de la Sagrada Eucaristía, la institución del sacerdocio y el amor infinito de Cristo por los hombres con su mandamiento sobre la caridad fraterna, manifestado con el signo del lavatorio de pies.

No es un simple recuerdo subjetivo de unos hechos acaecidos en el pasado, por medio de la celebración eucarística tenemos que revivir en el presente el Amor de Dios, que nos deja a su hijo para siempre con nosotros en el pan y el vino, que por amor Él vino a servir y no ha ser servido, que por amor a los hombres entrega su vida en el sacrificio de la cruz.

El Triduo Pascual de la Pasión y Resurrección del Señor es el punto culminante de todo el año litúrgico, ya que Jesucristo ha cumplido la obra de la redención de los hombres y de la perfecta glorificación de Dios: por su misterio pascual, muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida.

Hermanos vivamos esta Semana Santa compartiendo los valores “eucarísticos” como signo de nuestra identidad, aceptando el amor de Jesús, cada uno de nosotros debemos unirnos, amasarnos y entregarnos a nuestros hermanos, siendo generosos en el perdón y humildes en nuestras suplicas, abramos nuestro corazón a los demás y difundamos el Amor Fraterno, con cada uno de nuestros gestos, con cada una de nuestras palabras.

Participemos en el Mandato del Amor, para sentir la Pascua de su Resurrección.

José Ignacio Torrubia Ibáñez.