Entorno al Cristo del Amor Fraterno 2.

             

Tercer correo, Diana contesta a Javier. 

Hola Javier:

Siento contestarte tan tarde, pero la verdad, es que tu correo me dejó sin palabras. Me dejó sin palabras y casi sin lágrimas, fueron palabras y frases preciosas que te agradezco desde el corazón.

Espero que no te siente mal, pero se lo leí a mi abuela, la madre de mi madre. Ella sí que es una persona de Fe y con una grandeza espiritual increíble, no sabes cuánto le admiro y le quiero.

Como tú me contaste alguna historia, déjame que te cuente otra:

Desde hace ya varios años mi abuela siente devoción por el Cristo del Amor Fraterno, y, ¿sabes porqué? Cuando murió mi abuelo, hace ya dieciséis años, mi abuela no se podía quedar a dormir sola y tenía una gran ansiedad. Yo, aunque tenía trece o catorce años, decidí irme a vivir con mi abuela, para que no lo pasara mal por las noches, y así estuve durante ocho años.

El primer año que yo salí detrás del Cristo, ella est

aba viendo la salida de nuestro Fraterno por la puerta del Perpetuo Socorro y le pidió que le ayudara a ser fuerte. Como sabes que nuestra procesión del Jueves Santo es muy larga y que acabamos muy tarde, mi abuela nos dijo que se iba a dormir a casa de su amiga, para no estar sola, puesto que yo acababa tarde. ¿Sabes lo que hizo? Sin decirnos nada se fue sola a su casa y por primera vez en diez años pudo dormir sola. Desde entonces vive ella sola en su casa.

Por eso y por mi madre, si mi salud y mi trabajo me lo permiten, seguiré procesionando detrás del Cristo del Amor Fraterno.

Espero que la Fe me ayude, porque tengo muchas dudas y según pasan los días me pregunto:¿Le demostré todo lo que la quería?¿Pude hacer algo más?¿Porqué siempre nos toca pasar por esto a los mismos?¿Hemos hecho algo mal?… Son muchas preguntas que espero que con el tiempo se disipen y sólo quede el amor. Muchas gracias por todo.

Diana.

 

-Cuarto correo (Diana había autorizado a Javier a compartir su correo): Contestación de Fernando a Javier.

Hola Javier:

Leí anoche la correspondencia que has mantenido con Diana y me impresionó bastante, quiero ponerte unas líneas al respecto.

En primer lugar ¡vaya tela de gente que tenemos en la cofradía! A menudo, no nos damos cuenta, pasamos a su lado con prisas, ensimismados en nuestras cosas, enfrascados en nuestros problemas. El testimonio de esta chica es una cosa que sorprende, tan joven y con algunas cosas tan claras. ¡Qué importancia tiene una educación correcta en casa!, una madre, un padre… 

Cuando nos vamos relacionando con otros hermanos de la Cofradía, descubrimos gente muy buena. Estamos muy preocupados en nuestros pequeños grupos (costaleros, tambores, atributos…), muy preocupados por nuestras procesiones y no nos preocupamos tanto por lo verdaderamente importante: nuestros hermanos. Lo que nos une: la cofradía, su proclamación de Fe en la calle en Semana Santa, y nuestro testimonio durante todo el año en todos los contextos de nuestras vidas; es lo importante. Coincido contigo en que mis años acaban y empiezan en Semana Santa, no en Navidad.

Este año aunque pudiera parecer que ha sido decepcionante por no poder procesionar, para mí no ha sido, ni mucho menos, un año en blanco, cofrademente hablando. No me voy a referir a nuestras cosas de costaleros, capataces, pasos, etc., eso es otra cosa distinta a la que me interesa ahora.

La relación y el roce con mucha gente que conocía desde hace mucho y al lado de los que <<pasaba>> sin más. Quizá todo arrancó el día que acepté la responsabilidad de formarme como Capataz del Amor Fraterno, para sustituirte delante del paso, para que tú vayas como capataz al paso de la Cena, si se cumple el sueño de verla andando el año que viene, y de la I convivencia de la Cofradía. El descubrir a personas que tenía al lado y con las que me relacionaba muy superficialmente y a las que tantas cosas me unen, ha sido lo mejor de esta Semana Santa.

Me han parecido preciosos el cariño y la ternura de tu carta a Diana, esas palabras te honran como hombre y como cofrade y las suscribo de la primera a la última. Como bien dices: ¡qué no haría el Cristo del Amor Fraterno, si estuviera expuesto al culto! ¡Qué gran sueño (otro más), poder acercarse a El, verlo, rezarle, hablar con El…! Con Él delante de nuestros ojos, expuesto en un altar y no viéndolo con los ojos del corazón, sabiéndolo en la oscuridad inhóspita de la torre del Perpetuo Socorro.

Fernando Sánchez: Capataz del Cristo del Amor Fraterno.