Iconografía de nuestros Pasos.

La forma con la que nuestros Pasos representan, en la actualidad, o lo representarán al año que viene, el misterio de la Institución de la Sagrada Eucaristía es consecuencia de una serie de sucesivas decisiones que se han ido tomando a lo largo de los años, en diversas circunstancias, y con las que se ha ido definiendo lo que representan. Estas decisiones, no siempre han tenido la misma inspiración o han pretendido representar lo mismo, sino que son, cada una, consecuencia de las circunstancias que la Cofradía vivía en el momento en el que se tomaban. Por tanto; la representación de nuestros Pasos es una consecuencia del devenir histórico de la Cofradía.

Para entender cómo quedan nuestros Pasos y qué es lo que representan hoy, es bueno comenzar por el principio y echar la vista atrás para repasar esa evolución en el tiempo.

Tenemos que comenzar por nuestra prehistoria, recordando el Paso que tallaran don Luis Muñoz y su hijo Vicente, allá por el año 1.827, para la Hermandad de la Sangre de Cristo y que se pagó, con una derrama de 72 reales de vellón, por los Hermanos de la Sección de la Cama del Señor. La situación económica de la Ciudad, en el primer tercio del siglo XIX, no era la mejor tras la Guerra de la Independencia. La Hermandad tenía interés en reconstruir los Pasos que se había perdido en la voladura del Convento de San Francisco, pero los medios con los que se contaban eran escasos y se hizo lo que se pudo con una economía, casi, de mera subsistencia.

El Paso fue llevado durante muchos años a hombros por una cuadrilla de 30 terceroles.  Podemos suponer que el Paso, dado su peso y el número de lo terceroles que lo llevaban, iría sin faldones, con tres pequeños varales rígidos delante y otros tres detrás, distribuyéndose nueve terceroles delante, nueve detrás y otros seis a cada costero del Paso. A finales del siglo XIX o principios del XX se carrozó para llevarlo con ruedas, pero desconocemos la fecha de esta modificación.

En el año 1.909 la Sangre de Cristo realizó un concurso de proyectos de Reforma del Santo Entierro, resultando ganadores don Joaquín Nasarre y don Mariano Oliver. Entre otras modificaciones propusieron la construcción de un nuevo paso del El Cenáculo para sustituir el existente, a fin de ajustarse mejor al hecho histórico, según manifiestan en el proyecto. Esta propuesta, ya nos plantea, desde una fecha muy lejana, las reticencias que tenían sobre este Paso.

Nuestra Cofradía se funda en 1.946, constituyéndose como Cofradía de la Institución de la Sagrada Eucaristía y no de la Santa Cena, como es habitual en otros lugares. La razón hay que buscarla en el espíritu eucarístico que tenían nuestro fundadores. Este hecho va a tener unas consecuencias directas sobre el Paso -propiedad de la Sangre de Cristo- que pasan a sacar en las Procesiones. Por una parte se sustituye el nombre de “El Cenáculo” por el de la “Santa Cena” y, por otra parte, sustituyen la imagen de Jesús sentado, en actitud de cenar, por otra de pie, con una mano alzada, en actitud de bendecir el cáliz que colocan, delante de la imagen, en la mesa. Con estas actuaciones quieren trasladar la idea que representaba el Paso desde “la cena” a la “Institución de la Eucaristía”.

Posteriormente, en el año 1956 la cofradía se traslada al Colegio La Salle Gran Vía y, poco a poco, va creciendo en número, pero su economía sigue siendo muy precaria y el estado del Paso una preocupación constante de las sucesivas Juntas que, con gran esfuerzo, logran consolidar la estructura interna del mismo, construyendo un forjado de hierro que garantice su estabilidad.

No obstante; lo que no pudieron prever ni evitar fue que el día 2 de abril de 1981 se hundiera el Garaje Solano, en el que se guardaban los pasos propiedad de la Hermandad de la Sangre de Cristo y una viga cayera en nuestro Paso, dejando tras de sí un sembrado de cascotes y restos de la techumbre que dañaron todo el conjunto. Se dobló la estructura interior del Paso, quedó arrancada la greca, destrozó un apóstol y ocasionó daños generalizados en todo el conjunto.

Ese año, el Paso, no pudo salir. Para la siguiente Semana Santa se reparó por los hermanos Albareda. No obstante; la reparación alcanzó únicamente lo fundamental, quedando patentes en las imágenes las secuelas del siniestro. También quedaron patentes estas secuelas en el ámbito de la Cofradía, germinando la idea de realizar un Paso nuevo; aunque esta aspiración se topó con la realidad inasumible de multiplicar el presupuesto por trece imágenes, lo que llevó a fraguar la idea de un Paso de una única imagen, que representara a Cristo bendiciendo el pan, que nos permitiera crear una devoción en la Cofradía y unos cultos. Desde el primer momento, nació esta idea unida a la de llevar este Paso a hombros por la Cofradía.

Las ideas, las grandes ideas, en ocasiones, tardan en fraguar. Esta fue una de ellas: habrá que esperar al Martes Santo, 26 de marzo de 1991, para ver avanzar el nuevo Paso por el pasillo de la Iglesia del Perpetuo Socorro y ser bendecido. Mientras tanto; se acometerá por la Cofradía una nueva reparación del Paso de la Santa Cena, en la que, al menos, con pintura se intentará cubrir los daños ocasionados por la caída de la techumbre del Garaje.

A partir de este momento, la Cofradía con sus dos Pasos en la calle comenzará a diferenciar lo que representan y a buscar su propia espiritualidad en cada uno. El Paso del Cristo del Amor Fraterno se verá como una instantánea sacada de la Cena. En uno de los Pasos la imagen de Cristo esta bendiciendo el pan, en el otro el cáliz. En el segundo el Señor esta acompañado de su discípulos, en el primero por la Cofradía que lo saca a la calle.

Muy pronto comenzó a celebrarse el triduo al Cristo del Amor Fraterno, cuajando la devoción, en la Cofradía, y la admiración, en la calle, ante esa nueva imagen llevada en andas, que se convirtió en la referencia más clara de nuestras procesiones. Animados por esta devoción y admiración, surgió el sueño de dar un paso más y encumbrar al Cristo del Amor Fraterno en un paso que lo realzara más y no dejara a nadie indiferente. Así surgió el Paso de costaleros del Cristo. Paso que fue creciendo, poco a poco, a lo largo de los años, para convertirse en la magnífica realidad que es hoy, veinte años más tarde.

También, con motivo del 50 Aniversario de la Cofradía, decidimos que había llegado el momento de  asumir otro reto: reformar el antiguo Paso de la Santa Cena. Hasta ese año, el Paso de la Santa Cena, el Jueves Santo, se quedaba en la calle, esperando la salida de la Procesión. No podía entrar en el templo ya que era u nos centímetros más ancho que el espacio que permiten las puertas. Para celebrar el Aniversario, decidimos reformar el Paso, para estrecharlo dieciocho centímetros y que pudiera cruzar, por primera vez, las puertas de la Iglesia para salir con su Cofradía. Así, dábamos cumplimiento a una de las grandes aspiraciones de la Cofradía, que el Paso de la Santa Cena saliera del Interior de la Iglesia con su Cofradía y no se quedara fuera, en la calle. Este sencillo logro, causó una gran alegría entre los hermanos y muchas lágrimas, sobretodo de alguno muy veterano, que nublaron sus ojos y les impidieron ver esa salida.

Cuando, apenas, estábamos comenzando a avanzar en la construcción del Paso del Cristo, un jueves, 11 de junio, festividad del Corpus Christi, nuestro Hermano Mayor recibía una carta ofreciendo las trece imágenes del misterio de la Santa Cena y, una semana después, localizábamos en Carmona un Paso de misterio que se vendía. Un mes más tarde, el 11 de julio, la Cofradía celebró un Capítulo general extraordinario y acordó la adquisición de ambos elementos con los que configurar un Paso nuevo de la Santa Cena para acompañarnos en nuestros desfiles procesionales.

El sueño con el que nos lanzamos a este proyecto era muy claro: poder tener las imágenes a nuestra disposición, poder arreglarlas, trabajar con ellas, mejorar la representación de la Santa Cena que transmitíamos en nuestra procesión, y, al final, aspirar a una imagen del Señor que nos permitiera crear una nueva devoción, un culto, con el que seguir creciendo como Cofradía. Soñábamos con poder dotar al Paso de la Santa Cena con la misma fuerza, con la misma importancia que tenía el Paso del Cristo.

El primer año, la Semana Santa de 1999, apenas dio tiempo de montar el Paso; pero la siguiente ya salió con una imagen renovada del Señor de la Cena, con el cáliz en la mano. También, comenzamos un trabajo de varios años, arreglando el apostolado, brazos, ropas, candeleros, unos sentados, otros de rodillas, de pie,... buscando disponerlos para que se vieran mejor y transmitieran la idea de la Santa Cena.

Así, planteábamos nuestras procesiones con el Paso del Cristo delante, bendiciendo el pan; la Santa Cena detrás, bendiciendo el cáliz. Uno acompañado por la Cofradía, otros por sus apóstoles y la Cofradía.

Un Viernes Santo se desató una furibunda tormenta. Un cuarto de hora, veinte minutos, bajo una inmensa granizada, fueron suficientes para dejar rotos muchos sueños y, esparcidos, por el suelo de San Cayetano: túnicas, mantolinas, respiraderos mojados, faldones chorreados de agua y oro,...

Tocó volverse a levantar. Las túnicas fueron al tinte; los faldones se hicieron nuevos, con broches; los respiraderos se restauraron; la imagen del Señor se repasó. Todo, para que el Jueves Santo siguiente, estuviera lo mejor posible.

Y, seguíamos pensando que, ese Paso de la Santa Cena, tenía que ganar protagonismo. Que necesitábamos un hilo conductor a lo largo de nuestra procesión, desde el Paso del Cristo, hasta el final. Así surgió el Plan Quinquenal, para dotar de homogeneidad todo nuestro desfile, pero también para darle nuevos elementos que le dieran brillo y que mantuvieran la atención desde la Cruz de Cristo que lo abre hasta las varas de cierre.

Habíamos recorrido mucho camino, pero seguíamos aspirando más. Llegó un año que nos vimos con fuerzas para dar el paso que creímos definitivo y acometimos la gran reforma del Paso: sustituir las ruedas por trabajaderas y cuarenta y cinco costaleros. Ese año, el Paso de la Santa Cena, logró todo el protagonismo que levábamos años buscando.

Seguimos trabajando con esos apóstoles que desempeñaban, muy dignamente, su papel en lo alto del Paso. Comenzamos a pensar que la imagen del Señor de la Cena tenía que representar algo más. La bendición -la Institución de la Eucaristía- ya se veía, y  muy bien, en el Cristo del Amor Fraterno. La Santa Cena tenía que transmitirnos otra idea y pensamos en un momento posterior, la comunión de los apóstoles en ese cáliz que se entrega.

Así, pensando sin pensar, unas Navidades de 2014, se nos ofreció una nueva y magnífica imagen del Señor, tallada por Navarro Arteaga, con un cáliz en la mano entregándolo a sus apóstoles como primera comunión. Una imagen que nos cautivó a todos y ganó todo el protagonismo que buscábamos desde la misma ceremonia de su bendición. Una imagen que se asentó en un altar de la Iglesia del Perpetuo Socorro, para mantener ese culto y devoción que llevábamos muchos años buscando. Así, sin buscar esa imagen, nos encontramos con el culto y la devoción que sí que buscábamos desde hacía muchos años.

De esta forma, unas veces con intención y otras por casualidad, nos hemos encontrado con una situación dual, en la que, el primero de nuestros Pasos, representa a Cristo, con el Pan en la mano bendiciendo, Instituyendo la Sagrada Eucaristía. Y, el segundo de los Pasos, representa un momento posterior, en el que el Señor se entrega a los apóstoles ofreciéndose en ese cáliz como primera comunión. Así, tenemos en nuestros Pasos representados los dos momentos de la Eucaristía: En el primero, la consagración, con la bendición del Pan, que nos muestra la versión más estática de la Eucaristía, la adoración. En el segundo, representado en la entrega del Cáliz por el Señor a San Pedro y, por extensión a los demás apóstoles,  la comunión, con una visión más dinámica en la que se invita a participar del banquete Eucarístico y en el que todos participamos representados, en este Paso, por los Apóstoles recibiendo el pan de vida.

Aun nos quedaría un epitafio por escribir en esta, pequeña gran, historia. Un epitafio para recordar ese apostolado que vino hace, casi, veinte años de Almería, con el que hemos trabajado y crecido, que ha desempeñado muy dignamente su representación; pero que hoy, al lado de la nueva imagen del Señor de la Cena, les falta fuerza para representar completamente la grandeza de esa primera comunión y para recordarnos a todos y cada uno de nosotros que, hoy, sigue esperándonos el Señor en el altar a que pasemos a comulgar, en el pan y vino, con Él. Esa fuerza que redondeará nuestro Paso de la Santa Cena llegará, la próxima Semana Santa de 2017, con las nuevas imágenes de Navarro Arteaga, en las que, finalmente, esperamos ver a San Pedro, como el primero de los Apóstoles, recogiendo de las manos del Señor de la Cena el cáliz de la nueva alianza.

Enrique Martínez.