Un estilo propio de Cofradía.

La Luna llena ha llegado puntualmente a la cita y, puntualmente a las 21,00 horas del Jueves Santo, se abren las puertas de Nuestra Parroquia del Perpetuo Socorro. Una nube de incienso se escapa hacia el cielo impregnando con su aroma la Avenida de Goya y, tras su primera bocanada, se deja entrever la Cruz de Guía de la Cofradía. Señores, no es cualquier cosa: La Eucaristía está en la calle.”

La Cofradía pone en escena un cuidado y medido cortejo procesional, para mostrar a la ciudad nuestro mensaje de Amor, realizando estación de penitencia hasta la Iglesia de San Cayetano, dando testimonio público de nuestra fe. Primero, abriendo el camino, la Cruz de Cristo y tras ella siguiendo sus pasos toda la Cofradía. Dos faroles escoltan el Guión que contiene el Santo Grial, nuestro escudo y seña de identidad, seguidos inmediatamente por los hermanos de la sección de instrumentos quienes anuncian con el sonido ronco de sus tambores y bombos, que algo importante va a pasar, queriendo avisar a la ciudad que deben estar atentos para lo que viene, que es el Señor que una vez más nos quiere hacer revivir Su última Cena y el momento de la Institución de la Sagrada Eucaristía.

Amarillo y blanco van dando color a la calle y, tras el eco de los tambores y bombos, un paréntesis de silencio, una invitación al recogimiento. Seriedad, elegancia, el negro de nuestras hermanas de mantilla nos llama a oración. Y para ayudarnos a alcanzar ese clima de paz interior y serenidad, los Ministriles nos acompañan con el soplo de sus metales, dibujando acordes que nos trasladan a sonidos de otros tiempos.

Nuevamente la luz de los ciriales quiere llamarnos la atención. Es el cuerpo de acólitos con su pertiguero y, el aroma a incienso hace que nuestros ojos se claven en El, en el Cristo del Amor Fraterno. Viene en silencio, con el paso firme de sus costaleros, con su paso largo, solemne, racheado, cadencioso. Sentado está bendiciendo el pan en el que se quiere quedar con todos nosotros. Sentado   en su Paso oscuro, paso de caoba, iris y cartelas, recordándonos ese camino del dolor que le va a llegar, porque ha asumido el mandato del Padre y ha venido para morir por nosotros.

Tras el Señor los hermanos penitentes, hermanos que han elegido cargar con Su cruz al hombro, como queriendo aliviar al Señor del peso del duro madero. Penitencia anónima y silenciosa, siguiendo los pasos del Señor.

La luz de los ciriales de los acólitos con la cruz parroquial dan paso a los atributos: Cruz in memoriam donde llevamos a todos nuestros hermanos difuntos que nos han precedido en el camino al Padre y en la que un día todos los hermanos estaremos representados; el olor que desprenden los incensarios nos anticipan la llegada de un nuevo Paso, representado en el Guión de la Madre, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que quiere acompañar en este camino a su hijo y da testimonio de nuestra devoción Mariana; la panera signo que nos recuerda ese pan que un día fue nuestro Paso. Le siguen nuestros hermanos de la Semana Santa Zaragozana, que quieren acompañarnos en nuestra estación de penitencia, y tras ellos la luz de la fe portada por nuestros hermanos de vela y nuestro futuro nuestros infantiles.

De repente empezamos a escuchar sonidos de cornetas y tambores, es la banda de Nuestra señora del Pilar que nos lleva la mirada al cuerpo de acólitos, mandado por su pertiguero, quienes con sus ciriales e incensarios nos anuncian la llegada del Paso de la Santa Cena. Impresionante, majestuosa se erige la figura del Señor de la Cena, con el brazo extendido ofreciendo el cáliz a San Pedro, entregándole el testigo de la Iglesia quien recibe la primera comunión de sus manos, mientras el resto de los discípulos parecen no enterrase de nada. La mirada del Señor te atraviesa, se clava en los ojos del que lo contempla, te dice tomad, bebed el cáliz de la nueva alianza.

Y avanza lentamente el paso al movimiento de sus costaleros, meciendo al Señor, como queriendo hacer, estas últimas horas, más agradable su estancia entre nosotros, antes de que todo se consume. Por último unos hermanos con unas varas de cierre nos despiertan del sueño: la procesión ha finalizado.

Todo este cortejo procesional guarda una coherencia y relación, nada está dejado al azar y todo para configurar un estilo propio de la Cofradía que nos ayude, de la mejor forma posible, a presentar a la ciudad nuestro mensaje Eucarístico. Todo nuestro esfuerzo y preparación por presentar la Cofradía en la calle, sólo tiene sentido si llega al corazón del público que nos está observando, si es capaz de congregar e interpelar a su paso al mayor número posible de personas, si es capaz de transmitir sensaciones que hagan aflorar los mejores sentimientos, que pongan la piel de gallina, que dejen escapar alguna lagrimilla, que recuerde a los familiares y amigos difuntos, a los familiares y amigos que está sufriendo enfermedades y sea capaz de hacer que una tímida oración brote del interior de tu corazón.  

Un nuevo Jueves Santo se acerca y como siempre te esperamos, ven a vivir y a sentir el mensaje que la Cofradía quiere transmitir a  toda la Ciudad.  

Carlos Martínez