Nuestra familia amarilla.

Inauguramos sección, y es que desde estas líneas queremos dar voz a todas esas personas que formamos parte de la Eucaristía o como nos gusta decir “nuestra familia amarilla”. Y es que, aunque sabemos cómo nos llamamos, o a que sección de la Cofradía pertenecemos, en la mayoría de los casos no conocemos nuestra historia, como "aterrizamos" en esta nuestra Cofradía o, por supuesto, todas esas anécdotas no se pueden perder.

Hoy queremos hablar con dos de nuestras Hermanas, Yolanda Barreras y Beatriz Cunchillos. Actualmente ambas forman parte de la Sección de Instrumentos, y también acompañan a la Sección de la Mantillas el Jueves Santo, además de ser madres de dos jóvenes cofrades.

Yoli, Bea ¿Hace cuanto sois cofrades, y porqué en la Eucaristía?

Y: Soy cofrade desde el año 1993, yo tenía 12 años, y entré en la Cofradía por tradición familiar, ya que en aquel momento eran hermanos, mi madre, tíos, y primos. También iba al colegio de la Salle, desde donde nuestra cofradía realizaba la salida del Martes Santo.

B: Entre en la Eucaristía en el año 1989, y tengo recuerdos de capirotes amarillos desde antes de mi incorporación. Mis abuelos vivían en Fernando el Católico, y mi familia estudió en la Salle, así que era cuestión de tiempo que ocurriera. Y ocurrió hace 35 años, cuando mi madre no soporto más mi cantinela “Mama quiero ser de la cofradía del cole del tío”, curioso porque a él mismo trataron de convencerlo y dijo que ni loco, pero yo de cabeza. Me apuntaron tan tarde, que no pude tocar el tambor, por cuestión de tiempo.

En todos estos años seguro que os ha dado tiempo a hacer muchas cosas en la Cofradía, ¿nos podríais contar un poquito cual ha sido vuestra andadura?

Y: Cuando entre en la Cofradía, la Semana Santa estaba muy próxima, así que mi primer desfile procesional sería como cordonera o en la sección infantil, pero una vez llego el día de Martes Santo, que entonces se salía del colegio de la Salle Franciscanas, y el Hermano Santos me cogió para portar un incensario el cual llevé durante dos años.

Pasados estos dos años, ya entre a formar parte de la Sección de Instrumentos, y desde hace un año también formo parte de la Sección de Hermanas de Mantilla (algo impensable para mí hace algunos años, ya que procesionar a cara descubierta, era algo que nunca me había planteado, puesto que para mí el recogimiento que requiere la Semana Santa, era algo unido a ir tapada, cosa que me equivocaba).

Durante algunos años también formé parte de la Junta de Gobierno como miembro de la vocalía infantil, junto a Beatriz.

B: Yo me apunté tan justa de tiempo, que me “pusieron una vela”. Recuerdo con mi madre ir al despacho Parroquial que por aquel entonces estaba en la Plaza de la Seo, y como me apuntaron en un folio. Pero al año siguiente ya fui TAMBOR...  y así fue hasta 2017, año en el que entre a formar parte de la sección de Mantillas, por una promesa y como ya se sabe, las promesas se cumplen. He de decir que siempre fue una sección que me atrajo, de normal la gente en cuanto ve la sección de instrumentos se va, a mí me gustaba llegar a ver el cierre. Me gustaba la imagen que proyectan, silencio, recogimiento y siempre decía que yo acabaría mis años en dicha sección, cuando ya no pudiera con el tambor. Y en ese punto estamos, en formar parte de la sección de Mantillas, quien sabe... sí habrá otro puesto después.

Llevar más de 25 años en la Cofradía, dan para mucho, ¿recordáis alguna anécdota o curiosidad que queráis compartir con nosotros?

Y: Recuerdo con mucho cariño los ensayos en el Parque de la Granja, donde también en los descansos teníamos nuestro “Bar” particular, aquellos maleteros de coche improvisados donde podías encontrar refrescos, chucherías y patatas varias. También recuerdo aquellos oficios de jueves Santo vistos desde el coro, y la mítica cena de Jueves Santo en el Picadillo a las 2:30 de la mañana.

Y como no, las famosas guardias en San Cayetano a las 8:00 de la mañana, eso sí, después tocaba almorzar, recuperar fuerzas y ver la salida de la Cofradía de las Siete Palabras, luego ya descansar un poco, para la tarde volver a procesionar.

Como curiosidad fui la primera persona en portar el actual estandarte de la sección de instrumentos en una Exaltación, en la cual estábamos todos rezando para que no hiciese aire y parecer una cometa, porque entonces se sacaba a pulso sin correas.

Y como recuerdo agridulce, aquella granizada del Viernes Santo durante la procesión del Santo Entierro, como volvíamos a San Cayetano, todos empapados y viendo los daños sufridos en nuestro patrimonio.

B: ¡¡¡Ufff muchísimas!!! 35 años ... dan para mucho!! El primer año como he dicho vela...  tal era mi aburrimiento que pase toda la procesión encendiendo y apagando, con el pertinente enfado del cetro... y las miradas de mi madre desde fuera diciendo con gesto inquisidor PARA YA!

También recuerdo un año, llegar un Jueves Santo, y no saber qué hacer con el panecillo… estaba en el Perpetuo, con un panecillo y sin bolsillos...  SOLUCION que encontré a mis 10 años... meterlo en el capirote!! Y en aquel entonces se hacía una lectura en la Plaza Santa Engracia, y mi abuela le dijo a mi madre “tu hija se ha sacado un panecillo del capirote y se lo está comiendo”

También recuerdo que me enseñaron a tocar el tambor Cuca e Inma, ¡y el miedo que me daban! ¡Madre mía!

Algo curioso, mi padre pocas veces me distinguía… daba igual... que le dijera donde voy, ¡que zapato... nada las fotos para otros! Con su nieta en cambio, no se confunde no... curioso.

La Semana Santa, es muy especial para todos nosotros, y en especial el Jueves Santo. ¿Tenéis alguna tradición que repitáis año tras año?

Y: Si, tengo una, antes de los oficios siempre me tomo un cortado con hielo con Beatriz. Aunque sea en cinco minutos, pero siempre nos lo tomamos.

B: Ponerme nerviosa, no puedo evitar suspirar al salir por la puerta del Perpetuo y tragar saliva cuando se abren las puertas... el corazón late deprisa y el estómago se encoge... es algo que solo se puede experimentar desde dentro.

Algo que no falta, un broche que perteneció a mi abuela en la solapa, es una forma de llevarla conmigo.

¡Como tradición entre nosotras! ¡Un cortado con hielo antes de entrar en los oficios!

Ambas tenéis hijas en la Cofradía, ¿qué sentís cuando veis que están siguiendo vuestros pasos?

Y: Creo que el sentimiento es emoción y orgullo. Emoción por ver que sigue mis pasos, que forma parte de una gran familia, y orgullo de ver cómo ha crecido y cómo ha ido adquiriendo nuevos compromisos como, por ejemplo, este año, formar parte de la cuadrilla de Exaltación de adultos, asumiendo todo lo que ello implica, compañerismo, a la hora de aprenderse las marchas, responsabilidad, asumiendo un compromiso de ensayos, y autocrítica, saber reconocer sus errores para aprender de ellos y mejorar.

B: Que se puede decir, hice a Claudia de la cofradía con menos de un año, y siempre quise que ella creciera en este ambiente. Que tuviera lo que tuve yo, un grupo de amigos que evolucionara con ella a lo largo de su vida, un referente, un espacio seguro podría decir. Cuando la veo en los ensayos con sus amigos, sé que va a ser así, ¡¡y al mismo tiempo vértigo porque ya comienza la edad de... no entrar en casa!! Que también viví yo, pero es lo que hay, y como se suele decir, solo el que comparte mi locura lo entiende.

¿Consideráis que, al ser cofrades desde tan jóvenes, esto ha influido algo en vuestra vida actual? ¿En qué?

Y: Creo que el sentimiento es emoción y orgullo.

Emoción por ver que sigue mis pasos, que forma parte de una gran familia, y orgullo de ver cómo ha crecido y cómo ha ido adquiriendo nuevos compromisos, asumiendo todo lo que ello implica, compañerismo, a la hora de aprenderse las marchas, responsabilidad, asumiendo un compromiso de ensayos, y autocrítica, saber reconocer sus errores para aprender de ellos y mejorar.

B: Difícil de responder, pero sí. Sobre todo, a tener puntos de vista distintos, al fin y al cabo, en la Cofradía, todos somos muy diferentes, y eso aporta muchísimo.

Y para finalizar, ¿Qué es lo mejor que os ha dado la Cofradía?

Y: El sentido a la palabra amistad y amor, ya que en la cofradía tengo a los amigos que con orgullo llamo Familia.

Amistades de más de 30 años, amistades que estuvieron en mi comunión, amistades que me ha visto crecer, amistades que me han visto equivocarme, amistades que han visto como he sacado adelante a una niña que, con amor, ha crecido dentro de una gran familia, que como a mí, la están viendo crecer.

B: ¿Solo puedo decir una?

Ufff mucho, porque en la cofradía he crecido, y evolucionado, unas veces más presente y otras algo más distante, pero siempre. Entre siendo niña y ahora soy madre.

En los momentos claves de mi vida, siempre recuerdo al menos una persona de este círculo a mi lado. El primer Jueves Santo como Hermana de Mantilla, no lo olvidaré en mi vida, esa persona que de pequeña me daba miedo, me dio la mano en la Plaza San Cayetano en un momento, digamos de “bajón”, y sus palabras se quedaron grabadas en mi memoria. Gracias por darme la mano esa noche.

Algo que me gusta muchísimo, es que, gracias a la cofradía, he conocido a gente, con la que nunca me hubiera cruzado, por estilo de vida, vivir en zonas distintas o estar en distinto colegio, llámalo X, no hubiéramos coincidido, y en cambio... aquí las tengo. Creo que lo mejor está por llegar, porque se repite la historia con mi hija. Me encanta ver como tiene su grupo, el ver que está loca de hacer planes en

Semana Santa, de no querer entrar en casa… que ir venir, ¡¡ver... quedar!!

Como podéis ver, debajo de cada capirote, tercerol, costal o mantilla, hay personas reales con millones de historias por contar, muchas gracias a Yolanda y Beatriz por compartir con nosotros la suya, y a ayudarnos a conocer mejor a nuestra gente.

Beatriz Montañés.

 
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